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26 de abril de 2013

PONTÍFICE


Al vado o a la puente.
Dicho popular



Mera cuestión de arquitexturas o de ingenierías. O de ambas al unísono. Que te juro que hay personas que hacen, trabajan, maquinan, diseñan, ponen, se desviven por, consagran, currelan, curran,  elaboran, fajan, batallan, se machacan, echan los bofes, sudan la gota gorda, echan los hígados, ponen el corazón todo, toda el alma, trabajan como una mula o un negro, o un chino, sudan el quilo, como un burro doblan el espinazo, en obra de romanos y se dejan la vida misma  con sus puentes. Realizando esa pasarela o pontón, esa armazón o pasadera. Puentes entre dos orillas. O entre miles de orillas; pero esto es otra cosa. 
Pertinaces alzan, edifican, elevan, traman, erigen, obran el pasadizo para otra persona, a otra persona, por otra persona, en otra persona, desde otra persona, con otra persona, incluso. Acceder, allegarse, unirse, enlazar, juntar, ligar, vincular, articular, anudar, amarrar, acoplar, hermanar, fundir, aproximar, aliar, pactar, liar e incluso ayuntar o copular o fornicar, aparearse y yacer, cohabitar, cubrir, montar, juntarse y conchabarse, liarse, abarraganarse, amarizarse... Hermoso verbo este de amarizarse. Algo entre amor y mar. Pero, a veces, esa persona, a la que se tiende toda la construcción, de tantos lujos de significados, se dedica a poner peros, a cambiar el trazado, el plano, la ruta, los materiales, la ingeniería y el ingenio... Y llega hasta colocar bombas y trucos, trampas en la construcción y la misma instrucción del puente. Pasa, entonces, que quien se dedica a construir puentes, ha de estar más pendiente -aparte de hacer el puente, de traer y atraer el material, calcular, sopesar, tramar- a quitar y atender esos peros, rectificar trazados, planos, rutas, materiales,  ingenierías, y a espabilarse el ingenio con esas bombas, desmontar esas trampas, rehacer planos y planes, que impiden que el puente crezca y se haga, se consolide y permanezca y dure y se haga uno, inmortal con el tiempo, como esos puentes, casi eternos y antiguos, de piedras, que aparecen naturales y suyas ya, de tanto tiempo tensadas, para que todo fluya y una, comunique, deje pasar y vehicule,  influya y apuntale. Y, definitivamente, amen. Pues el amor es la única energía y secreto en la construcción de puentes. No piedras, ladrillos, maderas, cementos, hierros, metacrilatos, aluminio o cristal. Incluso el amor es mejor que un árbol tendido entre orillas, como puente real y hormigón, argamasa y mortero de toda pontificación veraz y unida. Los miedos los impiden y las ignorancias los lastran y los hacen caer, y derrumbarse. Antes de la muerte, claro.

He querido hablar aquí de esos sencillos y cotidianos artífices y constructores de puentes, que eso significa, en puridad, lo de pontífice. No de los pontificadores varios y de varia catadura al uso. Que elaboran pasajes con trampas, para que todos vayan a su garlito y matute y estafa. No es palabra que exprese sólo lo que hace el papa de Roma. Sino que va referida a todo constructor de puentes, de uniones, de enlaces, de amor y de vida. Especialmente me estoy refiriendo al de abajo y sencillo artífices de puentes berroqueños y perennes. Tanto las palabras pontífice y artífice pueden ir referidas a él. El ser es cuestión de palabras con ser, estar y amar. Y en todo sentido, real o figurado, literario, amoroso, personal o social, transcendente.




De Cuentos Corriendo II 
1987

19 de abril de 2013

VERDUGA





No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún; pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar la enseñanza que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave y armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez, y a locura, y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse más a sí mismos. 

Hermann Hesse


Hubo una vez, en un país muy cercano, unos ejecutores de la voluntad popular, que eran tan sumamente democráticos, que hasta prepararon oposiciones para el cargo de verdugo oficial. Al servicio del gobierno y de sus amos. Por supuesto que rompieron con la tradicional oferta, de que tal cargo de verdugo, insigne y antiguo como el ser humano, fuera sólo para los machos. Así que optaron por permitir que, en la misma convocatoria, lo hicieran también las féminas o cualesquiera que no se consideraran machos. Era lo que llamaban igualdad de oportunidades.
Hubo alguien que hasta hizo una película. Contando y catando las delicias y peripecias para acceder al tal cargo de verdugo. La peli se llamó, ¡cómo no!, El Verdugo.
De esta manera accedió al cargo de verdugo la famosa verduga. Y así se procedió en todos los cargos y cargas, oficios, servicios, funciones, usos, asistencias, prestaciones, personal, dependencias, empleados... De manera que, con el tiempo, todo continuaba lo mismo. Incluso más perfecto y bien ajustado. Aparte la consideración de que los neófitos, en cualquier servilismo, lo hacen mejor y más aproximado a sus entregas y eficacias. Tal la verduga. Pues un amplio sector de la población, como eran las mujeres, se había incorporado al perfecto engranaje democrático del sistema equilibrado, y alicuota, de administración, que constituye el capitalismo, sus bancos, mercados, competiciones y demás usos y ramificaciones, en esa teología del utilitarismo ramplón que significa. O sea, el acabado paraíso con todas las evas incorporadas, que es la vida moderna. 



Ilustración: óleo de Fernando Ruiz Millán, La Escalera, colgada en la reciente exposición.

18 de abril de 2013

LA NEGRA






Y yo la compré, a esos negros que vienen ahora por aquí. Adquirí esa talla de tamaño natural y de caoba, o algo así. La de aquella negra tan hermosa. 
Y ahora ella me cuida y me ama. Me hace desde la comida  hasta el amor. Con una gentileza, entrega, devoción, dedicación y cariño, sabiduría, autoridad y tanto, tanto amor que no sabría explicar en claro. 
Además gasta poco, consume menos y no molesta nada. Pues esto de ser un rabino cabalista tiene sus cosas buenas.

De Cuentos Corriendo, 1987

13 de enero de 2013

EL GOLPE




El hombre, que es el dueño de los nombres, 
es la realidad hecha inteligible.
Jaime Gil de Biedma



Los que lo vivieron cuentan que, por aquellos tiempos, pperros y $ociatas llegaron a tramar la perfecta dictadura; en la que ya hace largos años que vivimos, con éxito y gloria, felicidad e incluso ornato. Se sabe perfectamente que escenificaban sus diferencias, que engañaban a sus militantes de que eran diferentes, opuestos, opciones -decían- distintas. Jugando con ideas obsoletas de lo que llamaban izquierda y derecha. Falsedades obvias que, sin embargo arrastraban a las masas utilizando técnicas de manejos deportivos, especialmente futboleras. 
Asimismo imitaron la estrategia los sindicatos mayoritarios y la patronal. Y nunca más existieron diferencias; pero eso es otra historia paralela.
De forma y espíritu que el gentío necesitado, por aquellos entonces, de los llamados puestos de trabajo, de un enchufe, una prebenda, un negocio, un trinque, o lo que se le asimilase, se arrimaba a uno de los dos partidos, para ver de conseguir (era literal la expresión) su pitanza, condumio, bicoca, logro o interés personal. Vaciado de sentido y de ideas, todo estaba permitido. Existiendo casos en los que un tipo era del pp, en una localidad o barrio, y del psoe en otro barrio u otra localidad. O de ccoo en un trabajo o tarea y de ugt en otras. Cuando no patrón y jefe. Lo que, evidentemente, les situaban en la mejor postura para gozar sus ansias de todo tipo. Desde beneficiarse una votante hasta  subvención de la diputación o de fondos de coherencia. Y como esa práctica llegó a ser común, teniendo casi todo militante la doble militancia, pues el comisariado político de los dos partidos hacía la vista gorda y lo permitía, soto voce. Ciudad existió en donde la doble militancia, la famosa domi, era moneda corriente y común, y todos confraternizaban jacarandosamente. Y esta fue una de las causas y efectos, a un tiempo, del famoso Golpe del 23F en 2013 que nos trajo a vivir como lo estamos haciendo ahora.

No hay cosa más diversa, alegre y sana que la ironía, que no se da sin inteligencia y sin amor.

6 de septiembre de 2012

JOSÉ ANTONIO RAMÍREZ LOZANO









Que varios días tuve la risa floja y el corazón alegre, de leer este cuento del amigo, y compañero de insti, José Antonio Ramírez Lozano. Gran poeta de versos memorables. No es para menos. Una gozaba siempre que lo revisito y lo releo. Animañas es de la cuerda de la literatura del oeste peninsular, literatura atlántica como la de un Álvaro Cunqueiro, la de un Italo Calvino, que a la postre lo parieron en Cuba...,  y algunos otros gaditanos. Sé que don Cunqueiro no era gaditano; pero sé lo que me digo. Este libro se publicó sobre 1995. Dispone de tres apartados:
1. ESPECIES EN EXTINCIÓN
2. EJEMPLARES ÚNICOS
3. ESPECIES PROTEGIDAS
Pues ahí, en el segundo apartado está Miguel de Cervantes, como ejemplar único de esta fauna animañística devoradora y bestial. Ya Manuel Pecellín Lancharro me titulaba de animal literario a secas. Lo de único lo supongo hasta la fecha. El autor y yo sabemos la alusión y el homenaje personal, no carente de la ironía finísima que destila, para un servidor, en este relato lúdico. Entre clase y clase alguna vez le solté que Cervantes lo mismo nació en Llerena. Y que un servidor vivió en la calle Lepanto, número siete, es certero; pero no de Alcalá, sino de San Juan de Aznalfarache, población donde nació un tal Mateo Alemán, autor de una novela picaresca que todos conocen por El Guzmán de Alfarache. Y desde luego que San Juan de Aznalfarache es como la Alcalá de Sevilla. Mutas mutandi. Escrita realmente, esa novela picaresca mayor llamada El Guzmán de Alfarache, por José Antonio Ramírez Lozano cada cierto tiempo. Para ejercitarse en el arte de la escritura y no dejarlo abandonado.


19 de septiembre de 2011

UNO POR OTRO - diálogo de minusválidos


Después de tales lecturas quedó
tan sabio como antes de comenzarlas.
Gargantúa y Pantagruel
François Rabelais

-Ten cuidado. Méteme en cigarro en la boca.
-Fuma y calla.
-¡Pesas. tío! Estás hecho un carrozón.
-A joderse tocan. Tú no ves y nadie te lo echa en cara. Que yo pese es mi problema. A tí te atrapa de soslayo.
-Ya se acaba, ¿no? Siento más calor en los labios
-¡Hostias!, ¿sí!, ¡qué me quemo!, ¡la virgen!
-Cuidado, tuércete un poco a la derecha.
¿Cuál es la derecha?
-La de este brazo.
-No  mucho, no mucho. Eso es. Sigue recto. Pero no filosofes. Esa puta manía de embarullar todo entre derecha e izquierda. Por ahora lo recto es lo que nos interesa. ¡Y mucho!
-Bastante, diría yo. Ten en cuenta que a la izquierda tenemos la cuneta y a la otra hay un barranco.
-Bueno, bueno, no divagues. Hablemos de ti, de tu vida y milagros. Creo que estás gordo por falta de ejercicio.Tu invalidez te aplastará un día. Hay gordos que han muerto abrumados por su propio peso.
-¡Vamos!, no digas chorradas. No llegarás a ningún sitio.
-Si no me sigues indicando el camino desde luego que no.
-¿Por qué coño no aprendiste a guiarte a su tiempo, cuando aún eras un niño?
-¿No te jorobas! También podían haberte enseñado a andar en tu niñez, que es cuando se hace, ¿no?
-Vale, vale. Dejemos de discutir. Tuércete un poco a la izquierda. Pareces un barco.
Es que el firme está ondulado. Hay baches y piedras.
No hace falta que me lo digas. Lo estoy viendo.
-¿por qué no me lo dices?
-Es que quiero gastarte una broma...
Muy cachondo, ¡vale tío!
-¡Mira, ten cuidado que viene un coche.
-¿Te sigues riendo de mí, verdad?
-¡Por mi madre que no, te lo juro por esta!
-¿para que dices que mire si sabes que no veo?
-Es una expresión. Todavía viene lejos.
-¿El qué?
-¡¡El coche leches, el coche!!
-De acuerdo. Pero no te agarres tan fuerte al cuello que me dañas. ¿No te d¡zarandees, cabrón! Pero, pero..., ¿qué haces?
-¡Bájame que me meo!
-Bueno..., el perro del hortelano.
-¿Lope?
-¿Qué?
A ti no es. Digo que es de Lope de Vega.
-¿Qué es de Lope?
-El perro del hortelano.
-Si es de Lope no es del hortelano. ¡Vamos!, digo yo.
- Es que Lope era hortelano. ¿no lo sabías?
Pues no, la verdad.
Esa es la teoría de Antonio machín. Aunque la Camboria le quiere quitar la razón. Él pretende documentar su aserto con una ardua búsqueda en archivos; pero ella se le adelanta y los destruye...
-¡Vivir para ver!
-¡¿Qué vas a ver, hombre, qué vas a ver?!
-No te mofes de mí que no te monto.
-Agacha, agacha el morro, percebe...
- ¡Aúpa! Tira adelante. Los del coche se han mosqueado al verme con la churra al aire.
-¡No tienes vergüenza ni lacha ninguna! Eres un sinvergüenza. Si no fuera por lo que es te mandaba al carajo.
-¡Venga, amigote!, el uno para el otro, ¡siempre!
-¡No me des palmaditas en la cara que no me gusta!
- No te cabrees. Es cariño.
-Hay cariños que matan.

Diálogo escrito en Cáceres, por el año 1980, y por este mes de septiembre.



LUNAR ESPECULAR


Cuando despertó pudo comprobar que su amada tenía el lunar de la cara en el otro lado. Luego fueron los anillos de las manos. O tal vez las mismas manos, cambiadas de sitio. La derecha donde estaba la izquierda y viceversa... Asimismo los pechos, los ojos, los hombros y hasta las aletillas de la nariz, por no precisar las aletillas de la zona íntima, o salva sea la parte y arte. Cosa que le creó una extraña manera de alegría y tensión viril. Después se dio cuenta que ella, que era diestra, usaba zurda. Las orejas estaban en partes contrarias... Eso sí, todo mejor colocado que antes de que se diera cuenta de los cambios. Sus bamboleos de cadera iban de otra forma diferente, contraria, agraciada, insinuante y to eso, y sus rodillas estaban cambiadas. Aparte de los zapatos. 
Todo le proporcionó días de observación minuciosa del cuerpo de la señora, observación de la doña y sus revoluciones en la forma. Milímetro a milímetro, poro a poro, beso a beso, abrazo a abrazo, trazo a trazo. (De otras cosas no parla el autor, ni aludiré yo). Explorador constreñido a un mundo que lo asombraba, por su diferencia abismal del talle anterior. Aparentemente era la misma. Y sólo alguien que la hubiera explorado antes sabría la diferencia. Y el era en héroe conquistador y explorador de aquel mundo nuevo, aquella américa, cielo, gloria, vergel, empíreo...
Ir sabiendo que ella tiene gustos y gastos diferentes, besos diferentes, sabores distintos, risas, rosas y mohines distintos y distinguidos.... Es como si fuera otra prójima. Está con otra mujer opuesta. Y él, que iba a pedirle el divorcio, espera, espera... Porque esa tipa varia le atrae, encandila, aoja, alucina, embelesa, hipnotiza, ofusca, fascina, engaita, hechiza, engolosina, capta, cautiva, arrebata, absorbe, agrada, conquista, granjea, polariza, empuja, tira y tironea, hala, gravita, fuerza, acerca, aproxima, junta, acarrea, cautiva, embabia, empapa, embebe, aspira y lo traslada, se siente y se sienta con ella mejor, se le enamora. Y sería un fin amable.

El otro sería que ella descubriera su diferencia, si no la sabe ya. Amable para otros.

Y una tercera opción: que la ninfa en cuestión, transformada, se percatase de que él también tiene en posiciones distintas las puntas de su bigote, sus cataplines, los dientes... Son otros. Simplemente que se dan cuenta que son otros.

11 de septiembre de 2011

TÚNEL

debajo de estas letras hay un túnel

la foto la hice hace unos años
un pasadizo extraño
formado en una construcción laberíntica
quizás alude a la vida de cualquiera
acaso la mia misma
certeza que labra mi vida

parece que si penetramos a la izquierda
hubiera luz y salida
no la hay
los paredones son tan gruesos
no se ve nada fuera
la luz restalla demasiado
en toda época del año

detrás el macizo rotundo del pasado
imposible desandar como un orfeo

21 de febrero de 2011

LIBRO DE LOS ANUNCIOS




Los llamados géneros literarios han surgido a veces de otros usos. Creo que la Ilíada o la Odisea fueronmera publicidad para dar pisto al pueblo griego, o a los pueblos griegos, y que no eran en sus inicios más que propaganda. Y la Biblia, sin ir más lejos, fue configurándose como un texto literario de muchos calados y variaciones: desde la narración del origen de la gente o mitos, hasta reglas para la higiene religiosa y de vida o las advertencias al personal de lo que hacía mal o bien, etc. Por ello hemos de estar muy atentos a lo que nos depara el futuro referido a esos géneros. Sin más reproduzco lo esencial de unos anuncios por palabras, extraídos de una publicación comarcal, para que el lector inteligente colija sobre ello, reflexione, averigüe y deje volar sus imaginaciones libremente. Si lo deja la tele, la novela histórica, el relato realista patataero, ese ensayo lleno de grasas en que se despachan los historiadores de ahora, sobre todo los de la memoria histórica, y la poesía de los ocurrentes modernos. Cada entrada de anuncio tiene para una larga serie de derivaciones, recovecos, señales, sucesos, cuentos, cuentas..., si se miran de forma lúdica y creativa. ¡Ahí va eso!:

-COMPRO INCUBADORA para huevos de gallinas, que no sea profesional, de no más de 50 huevos de gallina, que esté en buen estado, no doy más de 100 euros, según esté
-SE OFRECE BOXER PARA MONTAS, gran morfología y de gran musculatura, a cambio de un cachorro
-SE REGALA PERRO PEQUEÑO de corta edad muy bueno, canela, de alrededor de dos añitos, obediente, y se lleva bien con perros y personas
-VENDO OVEJAS MERINAS, interesados llamar al teléfono
-SE BUSCA PELUQUERO, especialista en caballeros, con conocimientos en tatuajes y piercing 
-SE VENDE CÓMODA ANTIGUA, se compone de cinco cajones, uno de ellos camuflado, y una placa de mármol en la parte de arriba, está restaurada y parece nueva
-CANTANTE PARA ORQUESTA, no importa sexo, y si la persona interesada tocase la guitarra, mucho mejor, urge y a poder ser con total disponibilidad, gracias
-SE NECESITA PERSONA para dj, busco persona responsable y que le guste la música para trabajar como dj, esencial que anime al público a la vez que pincha
-SE VENDEN NÍSCALOS DE CAMPO, recién cogidos del campo
-VENTA TRAJE DE NOVIA, con velo y funda incluidos, talla 44, el precio lo he rebajado por la crisis, se podría hablar de igual manera, 600 euros
-SE VENDE MESA DE MATANZA, y despiece, en perfecto estado y prácticamente habiéndose usado un par de veces
-SE VENDEN tres canarios del año pasado, uno mosaico, verde timbrado, rojo amarronado, los vendo porke tengo muchos, y tres gorriones de java blancos, precio a combenir
-VENTA DE OVEJAS DE LECHE, 200 ovejas de leche, precio a convenir
-BUSCO LOSETAS idénticas a la de la imagen, las características son: terrazo, micro-china, 40X40, almacenista o constructor, necesito 40 metros
-SE VENDE PARAGUAS PARA PERROS, para que la mascota pueda pasear también bajo la lluvia, están nuevos sin estrenar, me quedan dos unidades, si os lleváiis las dos se negociará
-HOMBRE SERIO SE OFRECE PARA FINCA, soy del Brasil, me ofrezco a cuidar de finca rústica o campo, gran experiencia, disponibilidad en toda España
-SE VENDE PALOMOS LADRONES, figuritas, valencianos, colipavos, tórtolas blancas y gallinas paduanas


19 de junio de 2010

SARAMAGO




Ha fallecido Saramago. Descanse en paz. Leí con sumo placer uno de sus primeros libros difundidos en España, La balsa de piedra. Me pareció una novela genial, bien escrita, pasional, con mucho humor, a veces de una ironía finísima. Luego vino su bum mediático y comercial entre la gente... Estuve atento a otros y le fui perdiendo la pista. La verdad es que me acercaba a otros libros suyos y se me caían de las manos. Tal vez no andaba yo con estado de leerle, o debe ser que eso del éxito me pone a un escritor bajo sospechas pues, en esta sociedad y sus valores, todo lo que es exitoso es digno de sospechas, por los valores imperantes. Así que no leí nada suyo hasta que alguien me dijo que había una historia de Saramago, desarrollada en novela, y que se parecía mucho a un cuento que yo había publicado en 1987, y escrito por los iniciales ochenta..., Todos los nombres me pareció reiterativa del motivo de la búsqueda de un nombre de mujer, que yo despachaba en una línea en mi cuento, y en la imaginación del lector, finiquitando...
Traigo dos poemas de su Poesía Completa, 2005. Uno es el segundo poema del primer libro de los poemas de Saramago, y el otro el último de esa publicación recopilatoria.


ARTE POÉTICA

Vem de quê o poema? de quanto serve
A traçar a esquadria da semente:
Flor ou erva, floresta e fruto.
Mas avançar un pé nâo é fazer jornada,
Nem pintura será acor que nâo se inscreve
Em acerto rigoroso e harmonia.
Amor, se o há, com pouco se conforma
Se, por lezeres de alma acompanhada,
Do corpo lhe bastar a presciência.

Nâo se esquece o poema, nâo se adia,
Se corpo da palavra for moldado
Em ritmo, segurança e consciència.


ARTE POÉTICA


¿Viene de qué el poema?
De cuanto sirve

Para trazar a escuadra la sementera:

Flor e hierba, floresta y fruto.
Pero avanzar un pie no es hacer jornada,
Ni cuadro será el color que no se inscribe

Con acierto riguroso y armonía.

Amor, si lo hay, con poco se conforma

Si, por ocio de alma acompañada,

Del cuerpo le basta la presciencia.
No se olvida el poema, no se aplaza,
Si el cuerpo de la palabra es moldeado
Con firmeza, ritmo y consciencia.


CATORZE DE JUNHO

Cerremos esta porta.
Devagar, devagar, as roupas caiam
Como de se mesmos se despiam deuses,
E nós o somos, por tâo humanos sermos.
É quanto nos foi dado: nada.
Nâo digamos palavras, suspiremos apenas
Porque o tempo nos olha.
Alguém terá criado antes de ti o sol,
E lua, e o cometa, o negro espaço,
As estrelas infinitas.
Se juntos, que faremos? O mundo seja,
Como um barco no mar, ou pâo na mesa,
Ou rumoroso leito.
Nâo se afastou o tempo. Asiste e quer.
É já pergunta o seu olhar agudo
À primeira palavra que dizemos:
Tudo.

CATORCE DE JUNIO

Cerremos esta puerta.
Lentas, despacio, que nuestras ropas caigan

Como de sí mismos se desnudarían dioses.

Y nosotros lo somos, aunque humanos.

Es nada lo que nos ha sido dado.

No hablemos pues, sólo suspiremos

Porque el tiempo nos mira.

Alguien habrá creado antes de ti el sol,

Y la luna, y el cometa, el espacio negro,

Las estrellas infinitas.

Ahora juntos, ¿qué haremos?
Sea el mundo

Como barco en el mar, o pan en la mesa,

O el rumoroso lecho.

No se alejó el tiempo, no se fue.
Asiste y quiere.

Su mirada aguda ya era una pregunta

A la primera palabra que decimos:
Todo.






25 de octubre de 2009

NARRABLE: LECTOR COMPULVIVO





estás leyendo un libro..., y cierta vez, cuando lo ojeas para ver algo inicial o anterior de por donde vas leyendo, observas estupefacto que las páginas están en blanco, y una nota parpadeante: esto se está borrando, faltan diez días para el borrado final..., ¡plis plas, plis plas,plis plas!...,
extrañado lo cierras y lo abres, páginas antes que la otra vez, y está en blanco, ¡borrado!...,
ni lo piensas, tomas la decisión de leer apresurado la historia total de libro, para quedarte con ella, como si escucharas un relator, un contador de historias que se va a morir, o lo van a matar, o que se larga, que desaparece, que se las pira, que se acaba, que se esfuma..., hasta que acabas..., ¡ah ah ah!, sin casi comer y bebiendo poco...,
cuando horas después el libro queda borrado y luego se autodestruye y se hace cenizas, que un vientecillo en la terraza arrastra y difumina por donde vino...


NOTA. Inicio la publicación de estos Narrables, especie de cuentos con materia narrativa densa, similar a otras series anteriores, ya publicadas, aunque no terminadas de escribir... Curiosamente esto lo he puesto primero en facebook, de manera que irá de vuelta como nota...

17 de septiembre de 2009

EL CALLEJÓN DEL BICHO


A la Pirula, narradora visceral, mágica

Existen en Llerena callejones sombríos, tristes, de paso. Algunos están en la almendra intramuros, otros gozan de la salida a campo abierto. De estos últimos es el Callejón del Bicho. Como obvio debe su nombre a un bicho.
Sabido es que bicho es masculino de bicha, que por estos lares se llama a toda serpiente, con todo el misterio y maldición que el cristianismo le otorga, como lo satánico. Algunos se refieren al Bicho que le picó a Camilo, estar hecho un bicho, ser un mal bicho, etc. O sea, bicho puede ser algo así como dragón, o, al menos, feo y temible. Es este significado al que se refiere dicho nombre de callejón. Ya que bicho también designa, cariñosamente, a todo animal doméstico, incluso con el cariñoso bichito. Tiene su sentido positivo decir estar hecho un bicho, o sea, estar fuerte.
Pero el cuento que cuento, de pan y pimiento y de rábano tuerto, nos narra qué o quién era ese Bicho del callejón. Así como otros cuentos y mitos nos contarán, en su día, quién es el moro de la piedra, el obispo de la otra piedra, o los quemaos de otro callejón, así como la personalidad de la rana de la fuente, precisamente frente al Callejón de los Quemaos.
Parece ser que un día apareció, en medio de la plaza Mayor, una enorme estatua de piedra. Esto ocurrió hace mucho tiempo. Nadie sabía quien la había colocado. Parecía tosca escultura megalítica, y como muy moderna podría ser visigoda, por decir algo. Representaba a un hombre desnudo, con una gran cabeza melenuda de ojos saltones. Sus vergüenzas al aire, que eran prominentes y más bien desvergonzadas. El cabello largo decimos y el aspecto, en general, fiero y hosco, todo ello bien proporcionado, aunque membrudo.
El cabildo, tras muchas deliberaciones y consultas a los hombres sabios del pueblo, entonces no existían expertos ni correveidiles, o similares, decidió que aquello no podía estar allá, para burla de todos los vecinos y bochorno ante los visitantes. Así que decidieron retirarlo a un lugar discreto. Como siempre sin consultar con la mayoría de los súbditos. Previamente se dictó una orden para ponerle taparrabos a la cosa. Así se hizo; pero cada amanecer aparecía destapado. Parece como si aquel pleno invierno tuviera calores para la cosa.
Se decidió retirarlo tras la huerta del Marimanto, en un callejón sin nombre, que parecía ser un ramal de la Mesta, un paso de caballerías y ganado. Con los artefactos necesarios, los encargados del trabajo trasladaron, con gran esfuerzo y en dos jornadas, entonces se carecía de tecnología, la estatua, al citado lugar indicado por el consistorio municipal, aunque otras versiones hablan del rey del pueblo, porque por entonces, según algunas versiones, Llerena tenía su rey. Así se hizo.
Al amanecer del siguiente día no daban crédito a sus ojos. El Bicho, como ya le llamaban, con propiedad, los lugareños, estaba otra vez en medio de la plaza mayor.
El rey montó en cólera, lo que era fatal, pues se parecía al muñeco diabólico, y el consistorio y los mandamases dieron la misma orden. Fue retirado al mismo callejón. Volvió a ocurrir igual al día siguiente: la estatua aparecía en la plaza al amanecer. Esto aconteció un mes. Hasta que, cansados, reunidos los sabios y consultados los doctores, dictaminaron lo mejor: una vez que fuera trasladado al callejón se procedería a romperlo, resquebrajarlo y destruirlo con martillos, marras y macetas. Así se hizo; pero al ser de una piedra tan dura sólo lo redujeron a algunos pedazos, y de pura suerte, quedando muy deformado.
Más tranquilos volvieron dejando en el callejón al bicho cuarteado.
Amaneció la plaza con la estatua entera y resplandeciente en medio. Volvieron a destrozarlo, esta vez con más encono, y no ya porque les mandaran y pagaran, y volvió a reaparecer íntegro en días sucesivos. Pasó otro mes.
Hasta que el rey, valiente y cortés, pero con malas pulgas, astuto y muy tozudo, convocó a todo el pueblo con mazas, escoplos, marras, martillos y todo instrumento contundente. El Bicho fue trasladado a su callejón y se ordenó reducirlo a polvo. A lo que se aplicaron todos los vecinos con frenesí de destrucción de lo demoníaco. Alguien dice que mientras se hacía esto se oía llorar a lo lejos. Así, pues, el Bicho quedó hecho tierra, la de ese color especial que todavía queda por algún tramo del Callejón del Bicho, en Llerena, aun hoy. Desde entonces se llama el Callejón del Bicho a ese espacio que no es ni calle, son como traseras de unas viviendas de nueva planta o así. Al que el consistorio no ha puesto nombre de alguien de alcurnia y prosapia histórica.

NOTA. Este cuento es de la serie de ellos publicados en la revista Torre Túrdula, como catorce cuentos... Se dice que la madre de los Machados estuvo por Llerena recopilando cuentos populares, se contaron cuentos por Llerena, esa tradición se perdió, esa cultura, la cultura real..., como se perdieron muchos mitos y ritos que se aluden en este cuento, por mor de cierta cateta manera de desarrollismo...

15 de febrero de 2009

YERRO NEGRO

El mundo no puede ser muy antiguo,
pues los hombres aún no pueden volar.
Lichtenberg

DOS ADVERTENCIAS CARNALES

Este relato se alumbra mucho más si el cándido lector tiene a la vista, o en la memoria histórica, dos anteriores del mismo autor. Uno titulado Caterva de historiadores (relato carnavalero de ciencia-afición), publicado en la Revista de Carnaval, 2005; y el otro, La ciudad levitada, salido en Torre Túrdula, 12.

Tanto en el uno como en el otro se habla de galerías, subterráneos y catacumbas existentes en el subsuelo de Llerena, desde muy antiguo, con innombrables riquezas desaprovechadas y terribles peligros escondidos… Asimismo el cándido lector de Carnaval ha de tener muy presentes las cuitas, preocupaciones, luchas y manejos de la gente en Extremadura, entre los intereses y ansias de los de Arriba y los intentos de sobrevivencia de los de Abajo, para colegir y entender plenamente este relato.

SITUACIÓN

Fue por aquellos caliginosos días de la crisis, cuando encontró el paquete barato de rollos de papel higiénico, escritos con multitud de historias, que oportunamente serán transcritas, para conocimientos y goces del público general. Lo normal es que hubiera una sola historia por cada rollo. Y con un poco de suerte, y alguna subvención, se verán impresas en un sólo volumen, para que lo lean las generaciones y generaciones. Y así aprendan lo que vale un peine. Asimismo se considera su edición en un libro digital, y no es raro que algún cantero, avezado en el arte de la escritura tallada en piedra granítica, quiera cincelar estas verídicas historias, estos exagerados e increíbles sucesos, en esta época de pobre novela histórica y de cansino ensayo sobre la memoria histórica reducida, cuando no de bodrios epónimos del señor de los castillos o quisicosas en la línea de Javi Pérez, Porres o Pote, o alguna semejante capullez.
La crisis da mucho de sí; pero sobre todo de no. Porque la crisis es de cacumen y mollera de los lectores despiertos, inteligentes, imaginativos, creyentes y creadores. No obstante pasemos adelante y actualidad el siguiente rollo:

Maturranga y Cachivacha eran dos tipas raras como sus propios nombres y presencias. Miradlas. La una trabajaba en el complejo hospitalario. A lo que parecía era soltera y vivía sola con un gato apardado. Tiraba de auto de potente cilindrada y generalmente iba bien puesta y maqueada, bien vestida y estaba en esa edad en que a nadie le amargaba su dulce todavía. No obstante, con ser mujer, no se le conocía varón. Esta tal Maturranga se había comprado un caserón en el centro, que había reconstruido totalmente, agrandado con todo lujo de detalles y sin duelo por gastos. Los trabajos habían corrido a cargo de una empresa con personal totalmente emigrante, y que no hablaba nada castellano. De forma y manera que nadie de la población había entrado en la casa así reconstruida, y que nadie la conocía en detalle. Bueno, casi nadie, si somos certeros. Pese a ser una casa-palacio antigua y situada en el mismito corazón de la ciudad antigua, apenas tuvo problemas con los organismos vigilantes de la pureza histórica y monumental del lugar, sacerdotes de la conservación del pasado histórico. Siempre proclives a poner trabas y dificultades en eso de reconstruir las viviendas. Todo porque existe la oculta manía de querer convertir este sitio, conjunto histórico artístico y monumental, en un parque temático, atractivo a cierto turismo de medio pelo y alpargata, de cultureta sucedánea, postiza y de promoción, o de lo que hoy se entiende por mera divulgación. Y el decorado que buscan tiene que ser armónico con la invención y diseño de cualquier arquitecto experto en materia.

La otra, Cachivacha, era mujer seria, pequeña y enjuta, resolutiva y sincera. Tal vez por eso, decían algunos, los del ayuntamiento le han dejao hacerse ese peazo entrada de cochera, que lo mismo entra un camión que un trolebús. ¡Anda ya!, ¡qué no!, ¡Qué esa tía ha estao enrollá con un masca del partido y yastá! ¡Y por eso le han dejao hacer lo que le ha salío del chichi! Sea como fuere, el caso es que se rumoreaba que había incluso dispuesto una terraza como helipuerto.
Estaba la casa palaciega, sobradamente restaurada, con todos los servicios y modernidades, en lo que pudiera decirse que era el centro geográfico del casco antiguo. Había sido el caserón de un indiano. Vuelto a la ciudad natal de sus padres hacia mediados del siglo XIX. Y se había construido la vivienda de nueva planta, que entonces no había tantos miramientos ni pan pringao en la cosa monumental, ni intención de parque temático con pretensiones de atractivo turístico. Este tío indiano también hizo un lujoso teatro, al uso de la época, y aportó millones para obras benéficas y culturales de cierta seriedad…
Pero no trastabillemos con asuntos históricos, sino nos empantanaremos en la más absoluta nada de la sabiduría, como decía un tal Agustín, profe de lengua y literatura, y uno de los pocos que conocía la casa restaurada, sino el único de la población. Y que es por el cual este autor, que te narra, puede escribir todo esto, o más si quisiera. Así que es verdad que la casa-palacio había quedado al pelo. Con casi veinte habitaciones, cocinas, baños y demás dependencias. Contaba con tres plantas, un hermoso patio modernista, con mucha luz y cubierto por una montera acristalada… Asimismo de varias terrazas, que en total eran casi dos mil metros cuadrados, y, claro, una parte dispuesta para que se posara un helicóptero. Lo cual es corriente verlo en las pelis de la tele y del vídeo; pero insólito acá.
El mencionado tal Agustín, en algún comentario de bar que frecuentaba, dejó caer que disponía de generosos subterráneos, en donde había bodegas bien surtidas de vinos y tan espaciosas y cómodas, aparte de ventiladas y construidas, para ser habitadas con comodidad. Le hubiera sorprendido uno de los sótanos habilitado como sala de reuniones, o más…
Hemos interrumpido al tal Agustín para hablar de la amiga de la Maturranga, esa tal Cachivacha que dijimos más arriba. Esta tal parece que era compañera de trabajo en el mencionado hospital. Aunque pocos podían asegurarlo. También se supone que vive amancebada, o adoncellada, con Maturranga, y los hay que piensan que son pareja de hecho, al uso de hoy. Incluso que trabaron matrimonio en un semisecreto acto en lo que dicen capilla de la casa. Pero lo cierto y verdad es que Cachivacha oculta una verdad como la copa de un pino. Y es que es descendiente directa del indiano que fundó la casa-palacio que había restaurado, arreglado y en la que al parecer vivían. No heredera de patrimonio que ya no lo había, sino que era su descendiente directa. Y que todo esto de la parentela con el indiano era llevado en secreto absoluto.
El antepasado estuvo emigrado a Venezuela, y allá dejó descendencia en forma de varios hijos bastardos. Y sepan todos que uno de sus descendientes eximios, de uno de aquellos vástagos, no es ni más ni menos que el mismísimo Hugo Chávez, presidente supremo de Venezuela. Con lo que hay de entre los que están leyendo esto que estén pensando que los dineros para la compra y total restauración, a pleno lujo, de esa casa-palacio, procede del patrimonio del mismísimo Chávez para esta lejanísima parienta, o sea, en connivencia con Cachivacha. Pues en definitiva corren las mismas sangres por sus venas. Si esto fuera así, si Chávez se ha montao una casa-palacio en esta población, cabría preguntarse sus razones, ocultas y reales… Pero pararemos aquí lo nuestro, en ese sentido, dejando que el lector, amable e imaginativo, especule con las posibles razones y motivos para que el venezolano político invierta en una vivienda de esa índole, en un punto del mapa tan lejos de sus intereses, aparentemente.

HECHOS

Fue anoche la última vez que me dio el fato, fuertemente ácido y que marea, al pasar por esta calle. La calle Santiago es una de las más largas de esta población y de inevitable tránsito en la ronda nocturna. Como es inevitable que nos paremos ante la casa de esas tías, Maturranga y Cachivacha, y veamos y observemos todas las señales de trasiego de vehículos, a un lado y otro de la enorme cochera, así como que casi nunca hay ventanas con luces o señal de que hay gente dentro. Para mí que to esto es un poco raro. Más cuando se me ha encargao un informe sobre la gente que entra y sale de esa casa. Y en esto estoy. Pero ha de ser hecho secreto, con total discreción y sin que lo sepa nadie más que yo… Y también esa bandera ondeando en el balcón, acojona, que advierte que la residencia es consulado de Venezuela y por lo tanto inviolable…
Quien así se expresaba era un tal Raimundo, policía municipal inquieto y muy pagado de su oficio, del cual era agente modélico y tenaz trabajador del orden y del imperio de la ley, derechos y libertades. Pero Raimundo, tras su apariencia uniformada, ocultaba un sabueso investigador de muchos quilates. Un alto grado de jerarquía le había ordenado eso mismo que andaba pensando: todo lo que pudiera saber sobre la casa. Un informe sobre quienes entran y salen, y más, algo más peligroso... Saber a ciencia cierta qué trajines se traían en ella, y las verdaderas razones por las que residían, a temporadas, técnicos de la industria venezolana del petróleo. Todo hacía suponer que la casa se había convertido en una especie de residencia de descanso y sueño para altos técnicos y especialistas en la industria petrolífera. Precisamente eso. Que era lo que la Guardia Civil le había aportado, por el control de residentes de paso y por el alta como industria hotelera que el local disfrutaba. Pero como, sobre todo, cuando la casa inició su actividad, el personal venezolano que hubo en la población, superaba el número de residentes posibles en la misma, de tal manera que casi colapsaron las plazas hoteleras de la población…. Fue precisamente por el mosqueo de aquello, de tanto técnico venezolano, lo que colmó el vaso de la sospecha. Y no sólo que pulularon, a temporadas, los de origen mejicano, abisinio, gringo, saudí, iraní e incluso chinos, siempre tan discretos.
Pero hablemos también del olor, de ese peculiar cante al que el poli Raimundo se refiere, y que olisquea cuando pasa cerca, aunque a veces atufa todo el pueblo. Olor a veces denso y azufrado, otras liviano y ligero, como a tierra mojada y asfalto caliente. Varias veces ha intentado entrar…; pero no ha pasado del patio y todo le ha parecido normal. No, no era aquel olor denso a tocino añejo, o a jamones curándose, que se da en una calleja mucho más arriba de la calle Santiago. Precisamente la que une la plaza de la Libertad con esa calle principal.
Hemos de anotar un suceso extraño, ocurrido poco después de acabada la casa de la Cachivacha y Maturranga. Sabido es que los conductos por donde circula el gas natural, o los mismo oleoductos, son materia de seguridad absoluta, y son construidos bajo absoluta discreción y vigilancia y que el acceso a los mismos está muy vigilado, no sólo por la policía, sino por el mismo ejército y servicios secretos de seguridad, que tienen espías infiltrados entre la población civil... Bien, pues alguien le soltó a Raimundo que hasta un kilómetro de la población, una importante compañía había construido un oleoducto, y que tal vez por eso la presencia de tanto técnico en la cosa del crudo se entendía. Era una buena razón, a la que Raimundo encontraba la sinrazón de para qué, y de dónde, y por qué iba, en el supuesto de que partiera del pueblo o llegara al mismo. Investigó y preguntó hasta donde llegaban sus influencias; pero nadie supo darle explicaciones cabales. Todas las personas consultadas le decían que aquello daba lo mismo, y que mirase el gasoducto, que también pasaba a escasos kilómetros y no pasaba nada ni significaba nada. Viene dallí y va pallá y sacabó… Que se metiera en sus cosas y dejara vivir y viviera. Lo de siempre en estas tierras cuando se toca algo que las atenta y destruye, o va contra los intereses de la gente y favorece cualquier cacicato con daño general. Se obliga a hacer de avestruz y esconder la cabeza.

Pero aquella tarde fue esclarecedora. Desde hacía días Raimundo sabía del olor peculiar del que hemos hablado, y que emanaba de la propia casa. Ya sin dudas. Como si saliera de su cimentación y entrañas. Y a lo tonto, y como librara aquella semana, pues montó una discreta vigilancia, subido a su coche, aparcado enfrente. Fue sobre las seis de la tarde, que de pronto se abrió la puerta y aparecieron cuatro hombres llevando a uno en camilla. Al mismo tiempo llegó una ambulancia. Subieron al que parecía estar mal y también montaron dos más, que le dieron la impresión de estar como mareados. Pero no fue eso sólo. Fue lo más extraño la manera como iban vestidos, los cascos que dejaron sobre el suelo antes de salir a la calle, y aquellas caras relucientes de negro, las manchas de los monos, las botas de goma altas…¡Y el tremendo olor que se desprendía! Esperó la noche al acecho y agazapado. Tenía el auto aparcado todo lo que permitía acercarse a la puerta del garage. Y estaba agachado en el sitio desde donde no le podían ver. Era por el mes de noviembre mediados y en aquella hora ni un alma andaba por las calles. Pensaba en eso, en la soledad del invierno, en el frío, el mal tiempo… Cuando se abrió la puerta de entrada del garage, y salió un todoterreno con nerviosismo y rapidez. Enfiló la dirección obligada, calle abajo, y entonces él salió de detrás de su coche, cruzó la calle y se metió en la cochera, antes de que su automatismo la cerrara. Todo lo hizo con rapidez y agazapándose lo más posible a las cámaras de vigilancia que había detectado. Una vez dentro corrió el largo pasillo, que torcía la derecha, bajando de manera pronunciada, y largo, llegando a un amplio aparcamiento, o eso creía. Trató de controlar las cámaras vigilantes y se pegó a la pared. Todo andaba iluminado tenuemente. Y se fue al fondo y entró por una puerta grande, por la que seguramente se iba al corazón de todo aquel tinglado de aparcamiento, increíble, sin autos, para una casa así. Su vista abarcaba como tres veces las dimensiones que supuso… Pasó adelante por un pasillo amplio, siempre arrimado a la pared. Oía lejanos ruidos metálicos, motores, aire comprimido, lejanas voces… Tal vez anduvo cien o doscientos metros bajando levemente, y el túnel se abría a la izquierda. Calculó como haber andado más de quinientos metros. Avanzó con coraje y lentamente se fue pasmando ante lo que sus ojos veían. Aquello parecía una inmensa cueva. Una gruta subterránea de soberbias dimensiones, esa gruta de la que hablaban muchas leyendas del lugar, como de cuatro veces la plaza Mayor de grande, y de una bóveda con estalagmitas, que avisaban ser en parte natural. Ya algún escritor científico avisó de que el subsuelo de esta zona es proclive a estas formaciones naturales. Ejemplo de las cuales encontramos en la sierra de san Miguel, y que llaman gruta Grande y Chica, con otras no pequeñas oquedades. Pero aquello excedía totalmente, incluso, su imaginación. Todo el recinto aparecía perfectamente iluminado con una red de potentes focos y luces varias, sabiamente colocadas. Y lo que le pasmó todavía más fueron lo que parecían siete torres de extracción de petróleo o de gas, a lo que le parecía y pasmaba. Y al fondo, al fondo, parecía como agua, una corriente inmensa de agua, un lago que se perdía entre oquedades cuyo cielo se estrechaba suavemente a lo lejos y a lo hondo. Pero que se espaciaba en lo horizontal. Entonces el olor azufrado se le aclaró en el coco, ¡aquello era petróleo, estaban sacando petróleo del subsuelo! ¡Petróleo! Y sintió, al dar un grito contenido, -como en aquellos cómic de Roberto el Carca y Zotín- que alguno de los malos le golpeaba en la cabeza y caía al suelo desmayado. Y como un par de sicarios lo agarraba por los pies y cabeza y lo trasladaban a lugar seguro y carcelario.

Despertó adormilado y dolorido en un barracón metálico. Al rato entraron y se lo llevaron a presencia de un tipo que parecía enclenque y alto, cabezón y calvo, con un suave bigotito negro y ojos de sapo y cara como de asustado. Dijo llamarse Edgar Ranquín y que tranquilo que no le pasaría nada. Afortunadamente está aquí el jefe y quiere hablar contigo un momento. Los sicarios lo tironearon para que acompañara. Tras subirle en un elevador le pareció que estaban en la casa. O sea, que todo aquello que vio estaba debajo de la misma casa. Por pura lógica de investigador nato, si el golpe no le había ablandado las mientes.
Lo llevaron a un despacho en donde una chica mu mona, joven y aplicada, le dijo que lo recibiría el mismísimo señor Gallar de Tez, acompañado de dos cultos cargos de sus empresas. Así fue, al rato lo entraron en otro despacho, tal funcional como el primero, que daba al patio. Ante él, sentado a la mesa del escritorio, un señor cetrino, más bien bajito y con cara malaleche, de puro gañán, le esperaba. A sus lados dos tipos delgaduchos y jóvenes, con pinta de ejecutivos, y consumidores de coca a la legua. Tomó la palabra el señor Gallar de Tez, que hablaba con suficiente volumen como para no molestar, en ese tono tan conocido y suavón que usa el poderoso en España, desde los del Opus hasta el empresario progre:
- Bueno, este soy yo mismo y a mis dos lados mis asesores, ca uno de su partío y, como dios manda, en mi apoyo. Efectivamente, amigo Raimundo, se trata de petróleo. No le dé más vueltas de tuerca. Hemos encontrado petróleo en el subsuelo de Llerena. Dígalo en alto de una vez sin miedos. En grandes cantidades. Ya era hora que a esta tierra le tocara el gordo de alguna lotería del destino, aunque fuera sin jugar, alguna vez en los siglos. Y este petróleo es el que se utilizará para la planta de refino que voy a instalar a menos de cincuenta kilómetros de por aquí. Y quién sabe sino otra por este sitio y por toda Extremadura. Para mí no sería por amor a la patria chica, sino por abarataje del costo, transporte y todo lo demás. Y todo será llevado con el máximo secreto hasta que llegue un momento en que lo diremos a plena luz. De esta manera en vez de tener que comprar el crudo, lo obtengo gratis, pues esto ha sido hallado por uno del partido que me lo ha dejao a mí. En cantidades. Y me ahorro también el transporte. El oleoducto que se construye desde Huelva no es más que una tapadera de doble uso y engaño. Por una parte se creerá que el petróleo de la refinería viene de Venezuela, que lo compramos, vaya, y por otro se utilizará de manera inversa. Como la producción es excesiva, para nuestras necesidades, lo exportaremos por Huelva y lo enviaremos por ese oleoducto. ¿Qué le parece?
-Pues no sabría qué decir. Y ahora, ¿qué informe hago yo?, ¿quién me va a creer?, ¿y no me estoy exponiendo a que me eliminen?
-De eso nada. Es usted policía municipal y su palabra va a misa. Pero, hágame caso, olvídese del colgao ese que le ha mandao la investigación y hágame caso... Incluso si usted quiere le damos un puesto importante en la seguridad de nuestras empresas, ganando mucho más dinero que de guardia… Y no lo tome como que lo compro. Simplemente lo valoro, porque entrar aquí, como usted lo ha hecho, no es fácil y requiere arrojo e inteligencia. Y eso es lo que yo quiero de los hombres que trabajan pa mí…

En aquellos momentos sintieron como todo temblaba, como que se hacía de noche, como el fuego, el agua ¡¡¡¡¡aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhh!!!!! Y sucedió en un momento. Como toda la justicia de verdad. Ya lo dice el refrán. Lo que hace la zorra en un año, lo paga en un segundo.


Las crónicas de años después hablan de cómo Llerena desapareció ante una enorme explosión de pozos de petróleo en su subsuelo, de gas, de aguas contenidas y barro, y de que el fuego estuvo ardiendo durante casi un año. De cómo el gas y el crudo liviano ardieron, hasta incinerar todo vestigio de que alguna vez hubiese existido. Hoy es un inmenso lago de agua y crudo pesado, un lugar de peligro y pantanoso, cabe la sierra de san Miguel, y algunos de los habitantes que lograron escapar, bien porque no estaban en ella en el momento del suceso, bien por suerte, se han instalado en lo que fue la antigua Regina Tordulorum, en donde la Junta los emplea en restaurar totalmente las ruinas romanas, a fin de conseguir la primera ciudad romana totalmente como era, para usos turísticos, para pelis de romanos, para gente extraña y friki que quiera vivir durante un tiempo como lo hacían ellos, despedidas de solteros, zafarranchos, orgías, carnavales, botellones, escenarios naturales para que los Morrimer hagan sus reportajes históricos y un largo etc., etc., etc. Que ya es hora de sacar partico cremátístico y monetario a la historia y sus recursos, a la monumentalidad y a la restauración de tanto, qué cuesta mucho como para no sacarle tajada. Se trata de reducir todo a capital y mercado, poner todo en valor de dinero, que es la única verdad moderna, sociata y pepera que vale. Lo demás es todo chufla y programa, programa y programa.

Por supuesto los continuadores de los proyectos de Gallar de Tez siguen explotando el petróleo y el gas que mana del subsuelo donde estaba Llerena. Pero con sus ganancias no se replantean reconstruir otra Llerena un poco más allá… O si lo hacen queda para otra historia de carnaval o con el carnaval de Llerena.
Continuará…

NOTA.
Este relato fue publicado en la Revista de Carnaval, de Llerena, año XIII, 2009.

17 de octubre de 2008

CATERVA DE LA HISTORIA

Este texto apareció en la Revista de Carnaval de Llerena, el año 2005. Brevemente retocado lo traigo a la sección de cuentos de este portal. Que lo disfruten como merece, y se admiten apostillas al mismo, observaciones y todo tipo de comento, incluso en contra del mismo. Ya entonces manifestaba mis denuestos contra la Historia y sus usos y costumbres.

CATERVA DE HISTERIADORES
(relato carnavalero de ciencia-afición)

Por Agustín Romero Barroso
Protervo

Fue por aquellos y gloriosos días, cuando se descubrió claramente que todos los científicos andaban al servicio, y en nómina, de la farmoindustria, de manera que investigaban más en como mutar un virus para ocasionar enfermedades, para luego ofrecer sus remedios, que en otras cosas, como matar un virus. Y también cuando se supo el gatuperio de lo del agua. Sí, aquello de que las empresas que vendían agua embotellada eran las que tenían el monopolio del servicio del agua potable en todas las ciudades, poblados y aldeas, que estropeaban y hacían imbebible en las redes que controlaban, para que las gentes se tirara al monte del consumo del agua potable y preparada, que vendían a precios de vino. Todo con el contubernio de los políticos mercachifles. Fue también por entonces cuando me encontré el rollo de papel higiénico, que en su bolsa de plástico venía, tal como la compré del super, como lo más normal. Recuerdo que se me cayó en el suelo del baño, porque uno está torpe ya y con achaques, que andaba mojado, y fue a parar a un charquito donde se acabó de humedecer, y luego me di cuenta de que estaba escrito, que todo el rollo de papel higiénico contenía letras que, leyéndolas, que sé, sentado en la taza del inodoro, decían:

La Historia justifica las herencias, el Registro de la Propiedad, el Notario, lo tuyo y lo mío, la Policía y Fuerzas Armadas que lo sustentan, las Fronteras y la violencia legal llamada Guerra, en defensa de eso mismo... –peroraba el filósofo Panoplio, mientras triscaba saltarín tras un papelorio en el aire, arrebatado en ventolera, desde una ventana mal abierta, volando entre los entrillados pasadizos del archivo histórico y monumental.
Panoplio Carchipanda Tintetieso de Baz era uno de los catervos acendrados en el artibirloque de la ardua investigación histórica. Hacía labores de su biógrafo, a la sazón, don Artilugio Fansul, rey de copas, por otro lado, en un garito de la ciudad muy noble, leal y antiquísima. Los archivos de tan conspicua ciudad databan de varios milenios antes de esta era y de la otra de la otra... Y, como por aquel entonces no había papel, pues andaban inscritos en losas de piedra, los más rancios, y en ladrillos grabados los posteriores, que los protervos culpaban de que por su pesadez tenían, y ponían, las molleras mermadas a los más. Incluso los había, más sucesivos en el devenir del tiempo, en madera labrados, de papiro y de telas, hasta que al hombre, en su saludable preocupación por anotar la Historia, se le ocurrió fabricar papel para escribir la Historia con letras de oro, y guardarla con tesón, heroicidad y valor en los archivos, aparte de otros usos, como deleite y placer por el pasado, atraer turismo, ornato y prez ante otros pueblos incultos, memoria histórica, etc. Que no se inventó el papel, como sostiene el protervo Agustado, para limpiar el ano tras la defecación, micción u otras corporales acciones no dignas de mención, o para escribir poesía, cuentos o esa clase de inventiva libre e imaginativa que pone en peligro todos nuestros ínclitos valores patrios e históricos, o para fabricar la servilleta con la que se limpia después de comer morcilla, como sostienen otros protervos como Moliara, Sakesper, Zerbativo y el mismo contumaz Agustado, entre otra tropa molesta e ignara de la Historia, del arte y del tiempo.

Así pues fue en aquella clara mañana de mayo cuando nuestro bisoño hizo su tímida entrada en el lugar donde se custodia la Historia: el archivo; al tiempo que Panoplio profería la frase y verdades del inicio, sobre la ínclita Historia. Puso la vista el maestro en el pollizo, mirando de hito en hito, por encima de las lentes, caladas en la punta de su enorme napia, al tiempo que callaba en su perorata. Ante mirada bóvida y hasta de ratón asustado, o de híbrido de ambos, por no decir de burro de noria, le hizo gesto, con sus gordezuelas manos y el primerizo se acercó raudo cabe el sabio.
-¿Ves este papel en el que escribo y del que leo, envidiado bisoño? Pues has de saber que es bendición de los cielos, las tierras, los mares, los aires y las aguas, ya que en el mismo escribimos lo que importa: la Historia sacrosagrada, única y sostén del Todo. Has sido admitido a la iniciación en la Caterva de Historiadores, como aspirante a catervo, y llevarás el nombre de bisoño mientras dure tu formación espartana. Laudable es tu proyecto de recuperación de documentos de piedra y de ladrillo, así como los de madera, y los forjados en metales, para enriquecimiento de nuestra misión en esta tierra y goce en la venidera. Aun hay documentos que andan escritos por las paredes, salvo esas cosillas de los protervos llamadas pintadas o graffitis. Eso no es Historia, y es por ello que te lo prohibimos estudiar. Me refiero a lo escrito en la necesidad de contar la Historia que siempre se ha tenido y, no teniendo con mejor cosa se escribió en paredes: de las cárceles, las casas de pobres, que ni aun papel tenían, castillos y lugares donde se atrincheraban por asedios en época de guerras, putiferios y lenocinios diversos...
En esto se abrió la puerta, otra vez, y asomó una jeta con gorra de béisbol por montera, con vidriosos ojillos de liebre rubia, que cuando mostró a su portador, o portadora, apareció ante ellos un ser con pantalón corto, cámara de fotos en mano, mochila pequeña a la espalda, comisuras de los labios blanquinosas, botas de zascandileo turistero, que fue empujado por tropel de otras gentes de similar catadura. Eran turistas en cuaresma. Vociferó Panoplio y todos se atropellaron para salir de nuevo.
-Sin Historia no habría turismo, hijo -reconvino de nuevo al bisoño- y sin turismo nada sería posible. Pero de eso a penetrar en nuestros santos recovecos, va un abismo. Por eso les rugí y espanté, como santo ganado que se mete en lugar inadecuado; pero que nos da leche y miel…
Nada decía el discípulo, sino asentir con la cabeza gacha, con probada humildad, y procedió a ubicarse en el cubículo que desde aquel momento le acogería las más de las horas de sus días, en el trabajo ímprobo del archivo. Es costumbre en la Caterva de Historiadores exigir una prueba académica para los que a ella quieran acogerse, que es como acogerse a sagrado fuego de mantenimiento del mundo. Esa prueba consistía en trabajo investigador, aprobado tras deliberación de la Suprema Cata sobre el proyecto presentado. El de Gilberio Kaika, que así se llamaba nuestro bisoño, fue uno de los más osados de los últimos tiempos, según se recogía pormenorizado en registros y archivos de la Caterva. Antes de admitirse el trabajo y poner los medios para su desarrollo, Gilberio Kaika hubo de ser investido, en un acto de catecumenado, en el que la parte sustanciosa fue su desprecio a los protervos de la liberalidad, secta insurrecta y temeraria que negaba la Historia, y que eran mantenidos a raya por la Caterva de Historiadores con singular eficacia, sagrado celo y policía. La tal secta de protervos no adora el Dinero, que por otro nombre damos al Money, Billete, Capital, Fortuna, Riqueza, Peculio, Patrimonio, Caudal, Hacienda, Valores, Metálico, Numerario, Divisa, Cuartos, Plata, Mosca, Efectivo, Oro, Calderilla, Parné, Guita, Panoja y los innumerables nombres que tratan de expresar lo que vale. Pero vayamos a la consistencia del trabajo del bisoño Gilberio. Como se ha dicho, usóse, en otro tiempo, de la piedra y del ladrillo, así como de madera, metales, e incluso hueso, para escribir la Historia y conservarla por parte de los ancestros, conscientes siempre que sin Historia no había Mundo posible, ni Orden, ni Comida, ni Estado, ni Educación, ni Seguridad, ni Decencia, ni Sabiduría, ni Ricos, ni Arte, ni Dinero, ni Ancas de Rana, ni Jamón de Pata Negra, ni Putas, ni Moda, ni Fútbol como hemos visto, ni Turismo, tal como se dejó ver cuando irrumpió el grupo de ellos en el archivo, hace cosa de media hora. Yendo de nuevo al trabajo de Kaika (Gilberio) tenemos que decir, y diremos, que llegaron tiempos terribles y aquellas losas de piedra, aquellos santísimos ladrillos escritos y horneados, así como las láminas de metal de bronce, cobre, hierro, oro y plata, así como los documentos sostenidos en la preclara madera y hasta en el hueso, fueron destruidos, por diversas peripecias desterradas de la Historia por su perversidad, en una gran parte por los Protervos Liminares, que así son llamados los que usaron aquellos ancestrales archivos de piedra para construir sus casas, aquellos inestimable ladrillos, en los que estaba la Verdad Histórica, la Memoria de la Humanidad, para edificar casas, zahurdas, bujardas y hasta retretes o sumideros. Sobre las láminas de cobre, bronce y hierro, no digamos más, que se usaron para hacer cazos, sartenes, calderos, hoces, martillos, rejas de arado, hebillas de cinturón, botones, clavos para puertas y ventanas, así como de ataúdes y arcones, alcayatas, espadas, cuchillos, cortauñas y un número inclasificable de otras muchas herramientas, con las que los protervos se identifican. No se diga más sobre las planchas de oro y plata, donde constaban los hechos más gloriosos de la prístina Historia. Fueron fundidas para fabricar dijes y cadenas ornamentales para sus mujeres y de ellos mismos, así como instrumentos diversos que no enumeramos por vergüenza ajena. Cierto es que hubo un tiempo en el que ocurrió una escisión entre las gentes de la Caterva de Historiadores, mantenida sobre si era más importante el Dinero o la Historia. Una inmensa pléyade se canteó porque el Dinero, y muchos destruyeron piezas de oro y plata para enriquecerse, no sabiendo que se empobrecían al destruir la Verdad Histórica, contenida en aquellas planchas. Fue en los tiempos del catervo Jocundémeno cuando las huestes de aquella heterodoxia, surgida en el seno de la Caterva, fue expulsada a los abismos de lo protervo para siempre jamás. Consiguiendo el ilustrísimo historiador y exégeta Jocundémeno, y sus hombres buenos, una teoría que concuerda y pone en paz la Historia con el Dinero como cosas necesarias al ser. De aquella época data el Cantar de Jocundémeno, leído y recitado hoy en las escuelas y lugares de adoctrinamiento, por los parvulitos, cuyas estrofas repiten en juegos, en jornadas de senderismo y otros usos del cante de las glorias del adalid de la Historia, llamado por otro nombre Sio Sidi. Asimismo se vende el cantar a los turistas, con una copia exacta de la olla de barro que usó, para preservar ciertos documentos muy importantes, enterrándolos en la misma. Al igual la milicia se fortalece leyendo tan garrida gesta como ejercicio obligatorio. Y en el Día del Ratón y de la Rata, todos hemos de comernos uno de esos animalitos asados, en honor del sagrado héroe de la Historia, que supo mantener su vida alimentándose de ellos en su durísima lucha contra los protervos y para conservar la Historia. Se han dado casos de indigestiones truculentas en banquetes con asados de ratas y ratones, de la mucha afición que se le tiene por los adictos a la Historia, y por ser perturbadores, alteradores y destructores de archivos, los dichos animaluchos. Comiéndolos también se come Historia. Y de lo que se come se cría… Es por eso que podemos enorgullecernos de que en nuestras ciudades no haya ratas ni ratones, ni en los campos. Es más, hemos de criarlos en nuestras granjas, o raticias, para las celebraciones de ese día nacional en honor de Jocundémeno.
Verdad es también que entre los destructores de planchas de oro y plata, donde estaba contenida la Verdad Histórica, se infiltraron muchos fieles catervos, que idearon fundirlas en monedas, que si muchas fueron hechas con planchas que nunca debieron ser destruidas, es también Verdad Histórica, que fueron ideadas para preservar datos históricos en las mismas, como ha sido revelado en la posteridad, en las magníficas colecciones de monedas que también contienen la Verdad Histórica. De manera que muchas láminas de oro y plata que mantenían la Historia Verdadera, se transformaron en monedas, cuyo taraceo también preserva certeza histórica. En fin, que el trabajo de nuestro neófito será recuperar estelas de piedra y piezas de ladrillos que contienen la Historia Verdadera y Cierta del Pasado. Pese a que han sido usadas en construcciones de edificios, zahurdas o donde fuere. Que su misión es catalogarlas y recuperarlas para recuperar la memoria de la Humanidad recogida en ellas, y con la memoria el patrimonio, y con el patrimonio la riqueza y con la riqueza el Capital, y con el mismo Capital la Felicidad y el Dinero.

Contaba el catecúmeno Gilberio Kaika, con luenga beca de los poderes establecidos, ya que la Historia justifica todo el Sistema de Dominio Presente. Residía en el Palacio de la Caterva de Historiadores, que era hermoso edificio con dependencias para que vivieran en él hasta cien catervos. Estaba dominando la plaza de la Decrem, llamada popularmente, por la gente proterva, de Las Cebollas. Era la vida, en aquella residencia, de estudio y sosiego. La vestimenta de un catervo lo distinguía. Los consagrados se cubrían con traje y corbata negra. Los bisoños con traje sin corbata, con un pañuelo amarillo al cuello.
La primera noche que Gilberio Kaika pasó en la residencia, y la única, no es digna de olvido. Sabido es que las mujeres no podían dedicarse a menesteres propios de la Caterva de Historiadores. Así que no se permitía la estancia de las mismas en sus instalaciones. Y que al rayar la noche debían largarse las muchas que en ella hacían labores propias de sus trabajos de servicios y cuidados de los varones. Porque la vida del establecimiento era una mezcolanza de cuartel y convento religioso. Tras el primer día de trabajo de Gilberio, que se inició, como leímos, con el recibo del archivista Panoplio; nuestro siempre bienamado parvulito volvió a la residencia para recuperar, con el sueño de la noche, fuerzas para el siguiente día. Le adjudicaron habitación cuya única ventana daba a un huerto de la comunidad que cuidaba un tuerto vejete llamado Juanito, sobre el cual bien le advirtieron que no tuviera trato. La ventana no tenía rejas. Era Gilberio un bisoño de sanas costumbres para la Historia. Así que acostumbraba acostarse al anochecer y levantarse al amanecer. Aquella noche, tras la frugal colación en el cenáculo con la comunidad de catervos presentes, subió a su aposento.
Una extraña sensación de nerviosismo lo invadía, que atribuyó a lo asendereado de la jornada. Se reclinó en el lecho y procedió al hecho mágico de entablar el sueño. Sin embargo vino a sus mientes, recostadas en la dura almohada, todo el boato y ceremonial con el que fue investido bisoño, con la asistencia de toda la politiquería, y todos los gentileshombres de religión, y los señores de Justicia, con sus muchos corchetes, todos de punta en blanco, o de blanco en punta. Es emoción que difícilmente se olvida y supera. Sumando además la presencia de la televisión, la radio, la prensa escrita, como modernos elementos que hacen la Verdad Histórica presente, aunque siempre necesitan del retoque y repunte de los catervos, claro. Y aquellas palabras con que se abría el acto, del Gran Barbián: Estimada Caterva, estimadas gentes y autoridades porque la Historia os ha puesto ahí: Sin memoria no hay futuro, y la Historia es el depósito de la memoria, su dueño, y nosotros sus señores. Como no tenemos mente inmortal hemos de preservar la memoria histórica, que es Historia, en soportes materiales duraderos, hemos de preparar esforzados cofrades para su custodia y remiendo, enriquecimiento y sostén, cuidado, guarda del orden establecido, salvación de la Humanidad, del Universo mundo… Se llamaba, el Gran Barbián, ilustrísimo Flipe Lobobisco, que a pesar de ser tuerto de un ojo, y del otro manarle continuo llanto sanguinolento, tenía claras visiones del pasado, muy clarividentes, acendradas en el presente y preservando el futuro. Es por ello que pertenecía a la Sociedad Vidente de Chus, a título secreto, y se ponía en contacto con el más allá, donde tenía largas peroratas con Julio César, Plinio, Alejandro Magno, Felipe II, Carlos de Gante, los Reyes Católicos, Colón, Ulises, Tarquino, Otelo, Hamlet, el Lazarillo, Gulliver, y otros catervos muy eminentes que en la Historia han sido. Cierta vez se peleó con Sabino de Arana sobre la propiedad de una maceta de geranios…

Gilberio no se dormía. Dio media vuelta en el camastro y trató de olvidar lo ocurrido en su investidura como parvulito bisoño, tratar de olvidar sus faenas investigadoras, y tratar, -finalmente- de conciliar el sueño, pues por la Historia sabemos que todo hombre duerme de noche. En aquella postura, sobre el lado derecho del cuerpo, no solía dormirse; pero sí entraba en trances. Luego se volvía a su pose normal, sobre el lado izquierdo, con las piernas dobladas, y dormía de un tirón. El cansancio era morrocotudo y no llegaba el sueño, siendo cierto lo que dice el común, de que cuando acucia un enorme cansancio tarda en llegar esa posesión de tinieblas que supone el sueño. Le visitaban frases de los catervos supremos: La Historia, portavoz y salvación humana. Necesaria como el agua y el pan, tanto como el jamón o las legumbres, aparte del vino. A eso te encomiendas, bisoño, a eso te dedicarás toda tu vida. No amarás otra sabiduría, recordó de las palabras del Gran Barbián, asistente al acto, que era uno de los más nobles ancianos que sobre la faz de la Tierra andan y hacen Historia. Y recordó con viveza que los grandes barbianes son doce en todo el universo, y dice la leyenda que siempre han de existir, y que el día que uno sólo desaparezca, desaparece la Historia y con ella el mundo, todo lo existente se perderá en el olvido. Son como las columnas que sostienen el inmenso templo de la Historia. Cuyo soporte no está en ningún sitio y está en todos a un tiempo. Los grandes barbianes son ubicuos. Todo lo creado desaparece si desaparece la Historia. Por eso los doce están bien protegidos, e inmediatamente que muere uno, le sustituye su sucesor, no pudiendo estar doce días la vacante de un Gran Barbián descubierta; si ello sucede, la hecatombe y el Apocalipsis sería inminente, como dice san Juan en su importante libro sobre la Historia futura. Cada uno vive donde le toca y no se conocen entre sí.
Le asendereaban esas y otras noticias de las vivezas de los frenéticos veinte últimos días. Y sin dormir. Se ensoñó por la posibilidad de ser un Gran Barbián, cuyo poder puede ser omnímodo, aunque tienen apariencia de pobre gente, sin fuerza y como tontuelos. Pero tienen potestades más allá que cualquier político, que debe estar a su servicio, que cualquier poder terrenal, que cualquier juez, que todos los potentados… Se daba cuenta de su locura, de su menesterosa excitación, de sus ansias, de sus deseos que lo culpaban y le ofendían. Y el lecho se le volvió inquietante. Le inquietó la luz tenue que penetraba por la ventana que dejó abierta. Levantó entonces la cabeza y abrió los ojos, aguzando los oídos, entreabriendo la boca y aguijando el tacto. Miró y allí estaba una figura, en la habitación. No se asustó. Volvió a cerrar los ojos y reclinar la cabeza sobre la dura almohada. Sintió como una mano le acariciaba la cabeza con una ternura infinita, de esa que hace Historia en la personalidad de cada uno. Un sueño, aquello era un sueño. Al pronto oyó un ruido. Esta vez perceptible como gruñido. Se alzó, sentado sobre la cama, y contempló, en medio del aposento, como una figura humana centelleante. Pasmado, restregándose los ojos, el bisoño escuchó:
-No te asustes. Tranquilo, amigo mío. Soy un ser extrahistórico. Vengo para tu placer y tu descanso. Dime, dijo agitando la mano al aire con gracia, ¿qué deseas: macho o hembra?
Cosido, y aún más enhebrado, por la sorpresa, no gritó, como fue su intención, sino que un gratísimo calor le fue reconcomiendo los tuétanos, las sus ingles, y le subió el cosquilleo a los cielos de su cerebro por el hontanar de la espalda, desde la rabadilla hasta el cogote, y más… Gilberio Kaika se decidió sin pensar mucho, haciendo caso de su deseo burbujeante.
-…Hembra… Creo que hembra…
-Debes ser claro, no creer –reconvino la aparición angélica.
-Vale. Pues hembra, si he de dormir a pierna suelta. –Aclaremos, que preparado, como estaba, nuestro bisoño se percató que lo que sucedía era prueba o trampa de su iniciación, o, tal vez, maquinaciones de protervos. O, como plausible, visiones de sueños o pesadillas ladillescas de engorros sexuales.
Al rato todo se hizo oscuro. Fue Kaika y encendió la luz, como quien hace el primer día, o la primera noche –mejor dicho-. Lo deslumbró la más hermosa doncella que sus imaginaciones pudieran labrar, urdir, tramar, gestionar, archivar, historiar, negociar, solventar, procurar, asesorar, administrar, expedir, sentada en la silla, sonriente y amorosa, provocativa, incitante, estimulante, instigadora, insinuante, sugerente. Tal como ordena la Historia. Mas lo que allá sucedió ni lo cuentan las crónicas, ni lo contamos.

Llegado el día siguiente, a la sazón martes de Carnaval, según impuras costumbres de los protervos, Gilberio Kaika abandonaba la residencia de la plaza de Las Cebollas, bien amartelado de su compaña nocturna. Claro que esto último no costa en el ramo de archivos, bibliotecas y museos, y, por lo tanto no existe, no es Historia. Otro Gilberio Kaika lo sustituyó de inmediato, al saberse de su pecado contra la Historia, por mandato del Barbián Menudo que gobernaba la residencia. Así que aquel Gilberio Kaika, aquel que iba a dedicar su vida y desvelos a la Historia, develando las verdades pasadas, contenidas en losas de piedra, láminas de cobre, bronce, hierro, oro y plata, amén de madera y hueso, no había existido, no era Historia, no era Memoria Histórica. Y pasaba a ocupar su ignominioso lugar entre la calaña y pelaje de los protervos, aquellos que existen como guarros en zahurdas plutónicas, y aun venusíacas, sin jamás hacer ni saber Historia. Allá donde habita el olvido, en sus pesados paredones. Pobrecitos conjurados a subsistir sin las bendiciones y parabienes, aparte de subvenciones, sueldos, poltronas y secretarias, de los Tiempos, el Poder, el Capital, el Dinero, la Tele con Parabólica, Internet por Cable Gratis Total (cuatro dioses en uno). Y tantos y tantísimas deidades benéficas de nuestra felicidad. Sin contentos de salir en la Tele, en la radio, duende de las ondas, predicando la nueva era de progreso imparable, ni de las crónicas inmortales contenidas en la prensa local, comarcal, regional, nacional, y mundial o planetaria. Ni tan siquiera como escorias o casquetes de la Historia. Gilberio Kaika, el primer bisoño que apareció ante el archivero Panoplio, no ha sido más que un producto de la imaginación, y un servicio ofrecido en este papel, para limpiarse a gusto. Gilberio Kaika se ha perdido por los calambres de su pilila, como Adán perdió el paraíso.

Y se acabó el escrito, que medía casi dos metros de tira de papel. Como lo leí del tirón, sentado como estaba, haciendo lo que nadie puede hacer por mí, me dolían los muslos enclenques que tengo, y el ano descoyuntado, de tan luenga y despatarrante lectura, reclinado en la taza del retrete. Lo primero que hice fue recomponerme, y apearme del asiento, tomar un trozo de papel higiénico con aquella Historia y hacer correcto uso del mismo. No merecía la pena conservar tanta puta mierda, producto de imaginación calenturienta. Donde se ponga la Puta Verdad de la Historia, o la Memoria Histórica que se quite el papel higiénico… Tiré de la cadena… Que si catervos, que si protervos, que si Historia, que si bisoños o bisojos, que si apariciones y mariconadas tan cutres como las del señor de los martillos o platillos, o tal vez chiquillos, que si barbilindos o barbianes. ¡Gilipolleces! Nunca mejor dicho lo de ¡a tomar por culo!, con tales cosas. Que me voy a la reunión de los constituyentes de la Hermandad de Amigos de la Bellota de Oro, la HABO, que eso sí que es Historia, junto con los Donantes del Melón de Oro (DOMO), y no esos entretiempos que imprimen los fabricantes en el papel higiénico por estos tiempos, en las rebajas de enero, o con las rebajas.

NOTA.- Este relato es una adaptación de otro, con el mismo título, contenido en Las Miradas de Través, tocho de 53 relatos, que el escritor, poeta, ensayista y protervo Agustín Romero Barroso prepara para una importante editorial, sin fines de afamarse o de triunfar.