
Contiene el libro más de 3.000 insultos, incluyendo modismos regionales, de uso habitual en España y en todos los países de nuestra lengua. Lo interesante es que esta costumbre y cultura del insulto se perdía porque “fueron recopilados –esos insultos- consultando numerosas fuentes, que incluyen decenas de diccionarios con injurias ya desusadas pero que los autores decidieron incorporar como curiosidad”.
Y es que la injuria es cosilla pasajera, una especie de idiolecto con caducidad, aunque algo queda.
Dice que incluso se incluyeron 150 citas literarias, en las que aparecían injurias de autores españoles como Quevedo, Cervantes, Tamayo, y Baus o Eduardo Mendoza, e iberoamericanos como Octavio Paz, Carlos Fuentes o Vargas Llosa. Asimismo con la colaboración de colegas españoles e iberoamericanos, que enviaron insultos todavía no incorporados en ningún listado.
Y he aquí un libro único. Sobre todo para base creativa de la injuria, que se verá, así, fortalecida en el futuro de crispación de poetas y periodistas.
Pero para injuria fina, fina de verdad la del palmero, poeta e ibarresco, en cuestiones de cultureta, con que nos hemos encontrado esta mañana. Fanáticos los hay, y gente que se arrima a caballo ganador, asegurándose su futuro, en el ámbito de la cultura, eso sí. ¡Ay de este poeta, si no ganara las elecciones el partío por el que apuesta!
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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.