19 de abril de 2008

LLerena & Llerena

Lo he visto de nuevo. He visto la enormidad de la ignorancia de lo escrito con letras gordas y grandes en cartelones extensos y contundentes, en donde predominan los colores de la enseña de la administración autonómica, que dicen los periodistas, que no los colores de Extremadura, que lo son todos, a mi justo saber y entender.
La había visto, alguna vez, con cierto aire de insolencia y sin tapujos, en otros cartelones publicitarios en donde, las diversas dependencias de los que mandan en esta tierra, digo de la administración, acostumbra decirnos lo que hacen y pacen, lo que se desviven por todos y lo que lo gritan a vivo cartelón publicitario e institucional. Que la empresa y empresario que los hace debe percibir un cuantioso parabién de dineros proveniente de esa administración. Y que me encantaría saber quién es y cómo llegó al invento y la representación y monopolio.
LLerena, así lo escriben, LLerena, así lo publicitan, LLerena así lo restriegan por las narices del común, pa que te enteres que hacen cosas, muchas cosas los que trajinan con los dineros y bienes del común. Ya digo que lo último que lo vi de nuevo fue en el cartelón cabe la fachada del nuevo centro de salud que el señor Vara inaugurará (o algún político de su ejecutiva) en breve y en Llerena. Escrito así: LLlerena, con las dos grafías iniciales en mayúscula. Que quien lo escribió, el publicista y creativo que fuera, no ha leído nunca Lleida, o Llobregat, o Llimiana, éste un pueblecito del valle de Noguera-Pallaresa en la provincia de Lleida… O no ha leído nunca Chinchilla o Llorente, o Llera. O tal vez porque sólo ve zetas o cedas en su vida que ignora el uso de otras grafías en la convención establecida para el buen entendimiento entre los que escribimos, y leemos, y más si eso escrito es oficial, de la administración. Que ahí, precisamente ahí, toda ortografía es poca para no llamarse a engaño. Pero, ya se sabe, estos catetos de poltronas y de mando, esta burocracia ataca la suprema base racional del uso de la ortografía. Y así escriben Alcalde, Ayuntamiento, Gobierno, ZP, Consejería, Poltrona, Cargo. Con mayúscula rimbombante sin que vayan en inicio de párrafo o frase, tras punto, o punto y final. Y siendo, como son, nombres comunes y corrientes, que se escriben siempre con minúsculas, salvo en lo dicho.
Dice el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española, 1978, en su página 145, punto 13º Cuando hubiere de escribirse con mayúscula la letra inicial de voz que empiece con Ch o Ll, sólo se formarán de carácter mayúscula la C y la L, que son la primera parte de estas letras compuestas o dobles. Escribiremos, pues, Chinchilla y Chimborazo, Llerena y Llorente y de ninguna manera Chinchilla, CHimborazo, LLerena, LLorente.
Evidentemente los publicitarios que elaboran los cartelones de la Junta de Extremadura, referidos a acciones de su gobierno u obras, o arreglos y ejecuciones, no han leído esta base razonada de nuestra ortografía, y todas las demás que se basan en ella. Pero ni siquiera han leído con atención la prensa, en donde el diario HOY, es un poner, escribe Llerena o Llorente, con pulcritud. O, yendo a más, ni siquiera se han dado una vuelta por la pulcra página web del ayuntamiento de la ínclita ciudad santiaguista, o casi todos los lugares en donde se escribe e inscribe su antiguo nombre.
No soy, ¡vive el cielo!, un mogigato alarmista que ve faltas ortográficas por doquier, ni soy partidario de penarlas. Pero es que lo que comento queda mal por mera estética, por gusto, por inteligencia y para buen entendimiento de todos. Que sólo eso persigue la ortografía, como el conducir bien un auto persigue que lleve y traiga sin percances ni malentendidos.
Me pregunto si los resposables de esos cartelones con el nombre de LLerena, así escrito, referidos a asuntos oficiales, se van a ver obligados a cambiarlos o enmendar su yerro, su error, su falta de gusto y su corrección ortográfica. O van dejar que los niños, los colegiales sigan viendo, en todo el camino más corto que lleva a los centros docentes, en esta población, el nombre de LLerena mal escrito. Como en un colegio ven mal escrito el propio nombre del cole, o del insti, con esa degollante manía de poner comillas a los nombres propios de los centros, una catetada que cometen escrupulosamente hasta la saciedad, cuando es lo correcto escribirlos con cursiva, negrita o simplemente sin comillas. Así vemos: Colegio de “Fernando Tracatraca”, o IES “Ludobico Trikitriky”, cuando no I.E.S. “Ludobico Trikitriky”, con los puntos en las siglas, cuando las siglas no se escriben con puntos en ningún caso, como debe ser sabido, y ven en RENFE, PP, NIF, UGT, ATS, ONU, UNESCO, ETC. Que pa mí que no saben ni ver, que ya es saber poco.
Afortunadamente ha desaparecido la fea costumbre de poner el puntito en los años, así: 1.988, 1.677… Debe ser que el uso generalizado de programas de escritura y correccción en ordenadores lo corrige y el personal va comprendiendo. Menos la casa real de España que, para dar lecciones de zopenquez aguda y ser en algo heterodoxa, lo mantiene.
Nada más que por eso he puesto, de ilustración en esta entrada, el cartel de este año para lo que llaman ruta del rey Jayón. Que todos los años ha ido entrecomillada, como si entre corchetes de la justicia la llevaran. Sin comillas entre “Ruta del Rey Jayón” queda mejor, y más apropiado al uso univesal y al buen gusto. Lo otro, de la intención del hecho, me lo callo, cosa de zascandiles pal turisteo de alpargata.

Otra cosa son las erratas, de las cuales me ufano en tener varias y diversas, distintas y distantes.

17 de abril de 2008

EL MÁS VOTADO ES EL MEJOR


Principio falso donde los haya, perversa manera de valorar o mejor minuvalorar. Entre el ganao ovino, caprino y porcino que uno trata, analiza una serie de creencias y hechos, como losas, que imponen por mor de que son más, no mejor, ni lo mejor, ni la verdad, ni lo adecuado, ni lo cierto, ni lo bueno, ni siquiera lo razonable… Creen, por ese arte de birlibirloque con que lo apuntalan, desde el poder y sus garitos, que el más votado es el mejor, el más guay, el inteligente por antonomasia, el que debe mandar sin tasa, a placer y con total sapiencia. Mentes todavía encerradas en una edad media duradera, al fin y al cabo, aunque hayan estudiado en la universidad y tengan sus carreras y todo eso… Mentes acostumbradas a obedecer y servir, al servilismo y el mando, la obediencia cerril con artilugios que llaman democracia a lo que es un mero electoralismo de garrafón y chapucero, de encubrimiento del manijero, el cortijo y el amo. Acostumbrados al púlpito, al tribunal y al coro, que dice el poeta.
Y los votos sólo valen para designar a quienes han de legislar, con ecuanimidad y solvencia, para todos, con respeto exquisito a las normas del juego. A los que han de gobernar para todos y al servicio de todos. No para otra cosa sirven los votos. Los votos no dan inteligencia, ni bondad, ni honradez, ni justicia… Los votos no dan premios, ni dinero, ni hacen mejores o peores. Con los votos uno se compromete a servir y aplicar su programa, si gobierna, o ejercerlo como oposición al servicio de todos y del procomún.
Los votos no dan sabiduría, ni los más votados la pueden dar nadie.
Sin embargo el común de los mortales contribuyentes al tinglado bipartidario, o al dos en uno, cree que sí, que si se consigue el mando a través de los votos todo es posible. Que el más votado es el más inteligente, el sabio, el acertado. Y que lo que haga es lo mejor. A lo menos eso veo y siento, deduzco y contemplo, me escupen y me dicen, me regurgitan y me cascan, me ondean y me fostian, en Extremadura, en todos los ámbitos de la Junta o Revuelta administrativa, desde que existe.
Será por ello que los poetas ruina, esos poetas de tabardillo y trepa social, que sueñan con ser los más o menos, esos poetas que desean ver estatuas de sus personas en jardines públicos, o placas conmemorativas en covachas administrativas de cultura, pues crean también eso, que los votos otorgan todo, incluso es ser buen poeta, o buen escritor o, yendo al todo, buen artista. Que el artista que no esté con el mando no es nadie ni nada. Ahí los tenéis todos bailándole el agua al bipartidario con la manita cabe la ceja, desertando de la libertad, de la independencia por un trinque televisivo, dinerario, interesado, y como artista y no como común ciudadano, que ese sería el derecho entendible y respetable. Porque por mucho y bien que uno haga su arte, escriba su poesía, si los que mandan dicen no, es que no, por mucho que digas tú y la calidad y la inteligencia, y la sabiduría, el buen gusto, la que debe ser… Que no, que si el tinglado dice no, no eres nadie, o menos que nadie un fracasado en tu arte y parte.
Por ello existe el ministerio de cultura, por ello las decenas de covachas de la cosa cultural han proliferado en las instituciones parcelarias y autonómicas, para manipular el arte, para decir quien es y quien no, para hacerle el rico negocio y pingüe Mercado a la empresa privada editorial y del asunto cultureta, que para eso sus manijeros están mandando en los sitios y gobiernos. Y venga subvenciones pa este y para aquel, para el de más allá no que es del enemigo bipar, que se la den cuando los suyos manden, para ese otro nanay que no aporta nada cuando las elecciones, es más, el tío va de libre y pide que no se vote. Y venga montajes para regalar el dinero público para ahormar el sentido de la gente, y venga campaña publicitaria para que la gente lea, que lea, que lea lo que le digamos nosotros, que eso es lo que tiene que leer, y tira de premio y dale a ese que es de los nuestros y se lo damos porque sacaba el dedito cabe la ceja muy bien, que parecía el mismito jefe de jefes, señores. Y venga reformas educativas para intervenir, desde tierna infancia a la juventud, y decirle qué debe leer y qué no, a quién debe y a quién ni se debe conocer, no existe y ni lo nombramos. Y venga cargos y poltronas de editores oficiales con editoriales trasteadas en cada región, patria, autonomía, ayuntamiento y ayuntacierto. Y aunque el Mercado Común diga que no ha de haber editorials oficiales, pues nada, veintitantas. Que eliminamos la Editora Nacional, que esa sí que lo hizo bien, bien. Por eso fuera, nada más llegar nosotros se eliminó de cuajo. Las editoriales con erario público están para premio y publicidad de los nuestros. Y para simulo se mete, de cuando en vez, algo como de independiente y bueno. Y trasvase a la privada, a las editoriales privadas, vía subvención y ayuda a la edición…, y publica esto, a éste éste y ése. Y hasta becas para que la gente escriba damos, bueno para nuestra gente, para los nuestros y, de cuando en vez ponemos algo inocuo de alguien que nada tenga que ver para que no se vea el plumero, eso sí. A Fulano ni hablar que pa eso te doy el dinero. Que hay que hacer el entorno y contorno propagandístico para nuestra causa, y nuestro clan, nuestras elecciones, nuestra cosa nostra, nuestro interés, comandita, tribu, camarilla, banda, partida, caterva, cuadrilla y secta. Todo pa nosotros y nada pa los demás. Y que se quemen, que sufran, que se jodan, que no existan. O se dobleguen. Por supuesto con el voto de todos, de todos los que nos votan que son los más, y por eso somos los más sabios y guays, inteligentes, graciosos, lindos, mejores, acertados que poder hubiera. Somos el mismo dios y la reostia misma.

14 de abril de 2008

¿LA VENCIDA?


PRIMERASEGUNDA
¿TERCERA?

si es el tricolor lo desprendido
y dicen que a las tres va la
vencida
pues demos a la sangre bienvenida
en el primer color claro y querido


y rime el amarillo su zumbido
del oro generoso en la medida

del afán hermandad y bienvenida

del morado su fiel por asumido


y anden y ondeen tres colores
en primavera pública hermanos
y surtan sus efectos y valores


libertad de color en nuestras manos
fraternidad unida de tres flores
y la igualdad de los republicanos


13 de abril de 2008

HETERODOXO


¿Mira que si se pone de moda lo heterodoxo? Sería la perfecta manera de acabarlo, liquidarlo, exterminar a todos los sublevados contra la chusma dominante, sus modas, modos, manías, mandos, votos, botas, fulgo, coches, ansía de dinero, engaños, borreguismo, estupidez, obediencia, voluntad de servicio al patrón...
Cuando leo estas cosas me aterro. Y pienso que este tinglado de pensamiento único tal vez esté liquidando a los heterodoxos poniéndolos de moda. Porque eso saliendo en un diario oficial, correcto desde todos los puntos de vista, de arriba, de mando, de servicio al tinglado socioeconómicopolíticoeclesial de los que tienen todo el poder, esto es, de la ortodoxia, es más que sospechoso.
¿A ver si resulta que los míos se han hecho con el dominio? Bueno, si se han hecho con dominios no son míos, eso claro... Los míos no dominan. Son libres o lo tratan de ser. Pero pueden poner de moda eso, lo mío, la heterodoxia, la libertad. Sería el golpe de gracia. Viene siendo el golpe gracia a, contra, para la libertad, ese de ponerla de moda, de publicitarla como algo de moda, de propagandearla para vencerla. Eso seguro.
Apunte para Mínimas Máximas: Para terminar con la libertad es necesario ponerla de moda. Y de modos y medidas.

12 de abril de 2008

LA GATOMAQUIA


SILVA PRIMERA

Yo, aquel que en los pasados
tiempos canté las selvas y los prados,
éstos vestidos de árboles mayores,
y aquéllas de ganados y de flores,
las armas y las leyes,
que conservan los reinos y los reyes;
agora, en instrumentos menos graves,
canto de amor süave
las iras y desdenes,
los males y los bienes,
no del todo olvidado
el fiero taratántara, templado
con el silvo del pífano sonoro.
Vosotras, musas del castalio coro,
dadme favor, en tanto
que con el genio que me distes canto
la guerra, los amores y accidentes
de dos gatos valientes;
que, como otros están dados a perros
o por ajenos o por propios yerros,
también hay hombres que se dan a gatos
por olvidos de príncipes ingratos,
o porque los persigue la fortuna
desde el columpio de la tierna cuna.

(Y SIGUE, si se pincha aquí...)

Lope de Vega, Rimas de Tomé de Burguillos

11 de abril de 2008

ABRIL, ABRIL


niega desesperanza verde menta
su lujuria esmeralda glauca gana
impúdica frescura barragana
mi deseo en su lengua sobrevienta


y me salva tu salvia lila y verde
y morada de oscura color donde
ramilletes saludan y esconde
esa foto tu risa que no pierde


el sanguíneo arrebol de ese geranio
esa carnalidad sube de tono
y brinca ya la vida contra el crono
de su sonrojo lleno de vulcanio


republicanas flores margaritas
desde el verde saludan mi mirada
sus miradas de sol como si nada
ese color de abril con chiribitas



Fotos de Paula Alcaraz

9 de abril de 2008

DEL AMOR


TRATADO DE AMOR

( Restos)

Por Nerdo


Señora del Silencio
de la dulce jaula de
tu cuerpo
se alzó
en la sensitiva
noche
un pájaro veloz

E. E. CUMMINGS


Difícil es, y arriesgado, tratar sobre tan evanescente tema y engañoso. Lo último que oí, o que tan vez leí en un diario, es que el amor es una ideología de las mujeres para mantener sujetos y dominados a los hombres. Era una feminista la que tal decía. No , me parece una estupidez la consideración, pese a que me quedan mis dudas. Es chocante. Demasiado claro tras siglos de historia amorosa.

Lo que más me sugiere, lo que más me ha dado que pensar, lo que más me ha estremecido, ha sido la frase: “Cada pájaro vuela a su jaula”, aplicado al amor. Cierto que la he repetido hasta la saciedad a lo largo de mi vida desde que la leí, por vez primera, en una antología de amores imposibles. Por lo que no es raro que aparezca por todo este mundo. Su sentido reiterativo es como son los aletazos torpes de ese pájaro que vuela a cualquier jaula. Como la búsqueda de su porqué.

La jaula es también prisionera de sí misma, aunque no está completa hasta que no tiene un pájaro dentro. Es muy triste ver una jaula vacía, aunque paradójico, en el sentido metafórico que aquí damos a esa frase anteriormente mencionada. De todas formas, cuando llega la noche, la jaula no se ve o sus rejas son apenas perceptibles.

El amor sólo se alimenta de la pérdida, sólo persiguiéndolo, buscándolo. Cada jaula desaparece y así hay que buscar otra hasta el infinito.

Al fin y al cabo, un pájaro en su jaula, no es sino dos soledades juntas. En este sentido no sé qué es peor, si no saber volar para no alcanzar la jaula o no entrar en ella.

Algunos entenderán esa frase del pájaro que vuela a la jaula en su más estricto matiz sexual. Y no van por ahí estas consideraciones, aunque las engloba, claro. Con una determinada mentalidad, no ya madura, sino lógica, uno se da cuanta de la cantidad de tiempo precioso que perdemos estúpidamente por el sexo. Con esto no trato sino ponerlo en su lugar natural. En lo que llaman amor no deja de ocupar un sitial capital, y entre los jóvenes el único, quizás, que se merece. Sólo que el ser tan primario necesita dulcificarse con toda una ideología y galantería, usos e ideas, suspiros, sufrimientos, idealidades, sueños, fantasías y toda la cohorte similar, ya que el sexo a secas y desnudo, espanta a casi todos los humanos, menos a mí, que ya estoy un poco más allá de todo eso, liberado, el fin, del apremiante desgarro de las vísceras. Es crudo hablar así del amor, y un tanto engañoso, porque siempre alguien ilustra con un ejemplo de que no es tan animal ni primitivo: hablar de flechazos y paseos, de ternura y afecto. Los medios propios de introducir el pájaro en la jaula. En cada cultura adornado a su modo, y en cada persona un rito diferente. Aletazos de plumas que vuelan. Sinfonía mental cada vez más sofisticada para no reconocer, tácito, que cada pájaro busca su jaula de principio, y cada jaula desea su pájaro prisionero y arrullador, ardientemente, y que le trine.

Pero no conviene hacer ascos a todo eso, a toda la inmensa parafernalia que se encumbra en lo que llaman amor. Hablemos, breve, de ella y de las cavilaciones de este tratado, que siendo el tema tan escurridizo como un pez no requiere un trato sistemático y fijo, sino a salto de mata, como las correrías de amor de los cuentos medievales u orientales, del arcipreste famoso también y su amor bueno. Para amar, como para vivir, se necesita siempre alguna mentira; pero sobre todo para amar. Los más se conforman con la enorme mentira de la apariencia, del juego espejeante de lo apariencial.

Puede que las gentes que lean esto piensen lo peor sobre mí, y, sobre todo, que imaginan mi posible sufrimiento amoroso. Estarían en un error enorme, desde todos los puntos de vista. No soy más que un médico que diagnostica o un notario que levanta acta.

Cierto que el hombre y la mujer se necesitan, conviene que estén juntos y hayan creado todo eso que un proceso histórico largo llama amor, por cultura, con todos sus usos, ideas y embelecos. Que un hombre sea el espejo donde se mire la mujer y viceversa. Casi nunca terminan encontrándose en sus superficies, o les aterra hacerlo.

Cierto que aspiré a realizar el más elevado de los ideales; pero no hallé la pareja necesaria, el espejo en que mirarme. Tal vez es que perdí todo el tiempo en perfeccionarme, en mamar la leche nutricia de los simbolismos que nos hacen más sabios. Tal vez olvidé lo importante en el logro del amor, que no me interesa saber qué es, no arreglaría nada y acumularía sufrimiento. Escribo mi rebeldía.

Ya sé, ya sé que por mis veleidades estoy condenado a ser un perro guardián o bufón. Por eso huyo, aparte de porque me persiguen. Porque cuando uno no cuanta en su mundo, encuentra un lugar en otro. Es siempre maravilloso hacer cosas nuevas.

Buscamos en el amor el consuelo, conscientes de que somos animales inconsolables. En ese amor que explico antes.

Finalmente trataré del amor desde otra óptica que no sea el amor de la pareja, aunque se le parece. Lo que mantiene a la gente en esta vida es el amor a los otros, y el amor es una vocación, una llamada, a algo que apasione, con dignidad, con autenticidad, con entereza. Lo demás es circunstancial y pasajero: el amor carnal, el dinero, el trabajo, lo otro. Mi vocación, la fuerza por la que me he sentido llamado, ese amor que me vive todavía es la instauración de un imperio de perfección y justicia que no lograré tampoco. Y pensar como lograrlo ha sido mi entretenimiento, más mi fatal error, que sin embargo ha logrado grandes tiempos de dicha que salvan del naufragio total.

Tal vez amamos porque estamos condenados a muerte, y en el camino a ese cadalso nos preguntamos por nosotros y nos miramos, nos agarramos, nos tocamos, nos amamos, o amamos cosas sublimes para no perecer o apostar por una posible solución a esa muerte que se acerca. Amamos para huir de la muerte; pero eso también me suena a consuelo fácil. Tal vez si hubiese sido una mujer no habría escrito esta suerte de despropósitos sobre el amor y sus mundos. Hubiese callado durmiendo a un niño, mi hijo, y sonreiría leyéndolo.



De Los héroes huyen del enemigo, 2000. Novela

8 de abril de 2008

¿ENTREVISTA A GERARDO RAMOS GUCEMAS?


Carta de Dionisio Sánchez, director de El Pollo Urbano. Espero que se le haga esa entrevista a Gerardo Ramos Gucemas, en Tucumán, donde reside, en la República Argentina. Y espero que sea pronto. Y espero ponerla por aquí. Espero Paula, espero.

Querido Agustín:
Ya le he dicho a Gloria Cohen, nuestra corresponsal en Argentina, que se ponga en contacto con Gerardo Ramos. Espero que lo consiga y que pronto tengamos una buena entrevista con él. También le he dicho a Gloria que se ponga en contacto contigo para que le facilites más datos.
Un fuerte abrazo
Salud!
Dionisio

LA CONSPIRACIÓN

Ningún escritor sin talento quiere saber la verdad: que no hay conspiración alguna en su contra, que lo único que le falta en realidad es eso: talento.

Julio Cortázar

Mis queridos directivos de la Asociación de Escritores Extremeños: hacía tiempo que no entraba en el sitio que se tiene en la red. Parece que va, por fin. La frase de Cortázar, que lo presenta, envenenada, al tomarse, dicha frase, sin el contexto y el texto, pre y post, completos. Os aconsejo que la retiréis, por aquello de la vergüenza ajena y la inteligencia del que la puso, o más bien diría la mala intencionalidad...

En otro orden de cosas, agradecer la escueta y casi nula, aunque suficiente, información sobre asuntos asociativos de que me hacen partícipe. Ando embebido en mis cosas, en escribir y escribir bien, que hago poca vida social y de trepa al uso. Tal vez en aras de mi poco talento en todo eso de la promoción comercial, a que parece que se refiere el texto cortaziano, en su uso y contexto, y pretexto, en el inicio de la web.

Pero profundizando el texto atribuido a Cortázar, intoxicado sin duda, no creí nunca que pudiera haber alguien que escribiera, o que hiciera algún arte, y que pensara que había alguna conspiración contra él por ello. Me ha dejado patidifuso. ¡Y si lo mezclamos con el talento no veas! Tal vez estuviera errado Jonathan Swift al decir aquello de que cuando surge un genio lo conoceréis porque todos los necios se conjuran contra él… Y que sé que sienta mal a la gente de orden impuesto y a todos los autoritarios instalados y en uso. O las inmensas manías de un tal Miguel de Cervantes, por la presunta conspiración para chulearle su Quijote, o las sospechas de Góngora sobre sus enemigos, que le comen sus ojos de sabia lechuza, en una acertada metáfora de sus Soledades de persona contra la que se trama algo.

¡Ay, Cortázar, Cortázar!, por algún sitio había de salir tu inmenso desconocimiento de algunos intersticios de la literatura española, o tus resabios de maestrillo de cagones, o de la malévola vesania de la España que embiste todo lo que es inteligencia, por sistema y modo. Prefiero a Borges escribiendo la perpetua maquinación contra los escritores, la eterna cainidad, el aciago cainismo, en uno de sus relatos, si es que ese relato no existe ya; que el boom editorial de Cortázar, que nos lanzó a Cortázar, a golpes de mercado, como postulante de la retroprogresía para citas desgraciadas y desagraciadas, como la que comento. ¡Ay, Cortázar, Cortazár!, tanto leer literatura inglesa, para luego hacer arte con la lengua española, ha volcado en ti una cierta creencia en la bondad de los escritores de mercado. Porque hay dos tipos de escritores: Los auténticos, que sólo desean tiempo, salud y facilidad material para ponerse a escribir, libres de las trampas de la vida cotidiana; libertad que se paga muy cara y siempre con la propia vida. Y esos escritores, conocidos por el vulgo común, que van tras la fama, el famoseo, el reconocimiento, los premios, la edición en negocio editorial renombrado, la profesionalidad como si fueran los auténticos, los guais, los reales, los que influyen, los que salen en la tele, en los periódicos, los que están en todos los saraos de moda, los que firman manifiestos pa esto y lo otro, los que andan con políticos de mando generalmente y con banqueros que son su último uso… Y escribir nada tiene que ver con todo esto del último escritor. Nada. Ni tampoco una asociación, como la AEEX, para el primero.

Releyendo la frase de Cortázar uno piensa en Larra, en la autora y narradora de las Mil y Una Noches y sus dislates para salvar la vida ante la conspiración contra ella, que por supuesto era falsa, y lo que era cierto era su talento. Eso sí. O la conspiración que sufre Virgilio, y que tan espléndidamente narra Hermann Broch en La muerte de Virgilio. Conspiración para que no se destruyera su obra, en borrador; que moriría el propio Virgilio y quedaría en borrador, su Eneida inacabada. Pero sobre todo pienso en mi amado Miguel Espinosa. Ese que murió de un infarto, tal vez provocado por los confabulados, maquinadores, conjurados (otra vez Borges), los intrigantes, los arteros, traidores, maniobreros, insidiosos, juramentados, implicados y complicados que urden la trama de todo en el mundo y contra los buenos, siempre contra ellos.

Y vamos del escritor al ciudadano normal, ya que ser escritor comporta cierta anormalidad y enfermedad de las neuronas, y aplicamos la frase de Julio Cortázar: Ningún ciudadano sin talento quiere saber la verdad: que no hay conspiración alguna en su contra, que lo único que le falta en realidad es eso: talento. Y queda desvelada como la perfecta propuesta para el totalitarismo o las políticas prácticas autoritarias en lugares como Extremadura. Las que dicen: calla, que todo depende de ti, y si fulano tiene favores, si nosotros decimos qué es talento, si nosotros somos los que valoramos y decimos quién es quién, si todo está subvencionado, si no hay salvación ni vida fuera del dominio y entreguismo de la administración gobernada por nosotros, con sabia mano, si al que no trague se le margina, si…, desgrano todas las acciones y pasiones que ejecutan los jerifaltes de mando autoritario para sus intereses, el de sus amigos o asociados, empresas o negocios, no es más que tú, ciudadano quejica y menesteroso de talento, eres un torpe, un puto torpe.

Y propongo, en aras a mi amada y anónima lectora, propongo otra escala de valores, en la que el hombre no sea tan lobo, león o tigre, cuando no hiena, para el hombre; pero, sobre todo, que el hombre no sea tan borrego, esclavo, servil, acémila, borrico, acrítico, para esos hombres, tan pocos y tan de mando.

NOTA.- Esta es la primera de la serie de cartas abiertas a la directiva de la AEEX (Asociación de Escritores Extremeños), a propósito de las incidencias que estime y de las vicisitudes, o sucesos, con la misma asociación.

Pertenecí a la AEEX un tiempo, el fundacional y poco más. Luego pareció no existir. Y hace unos años está como un cierto apéndice de la Administración política de la Junta, mal que a mi pesar. Me he apuntado, de nuevo, hace unos meses, a ver qué pasa y qué hago.

Realmente cuando miro los que aparecen en ella, ante la opinión y la calle, no me identifico con ellos. Tengo un concepto diferente de la escritura, y un distante y distinto concepto de escritor. En manera alguna como un productor de entretenimientos, libros o escrituras para el mercado o el negocio editorial, aditamento para el manejo político y otras lindezas, como premios, subvenciones, cargos culturales y docentes, etc., a que acostumbrados nos tienen los que se nos presentan como tales en la publicidad informativa de las teles y demás.

4 de abril de 2008

QUIEN DICE ABRIL


esclavos sacrifican libertarios
es la historia que siempre se repite
los elevan después depositarios
de su libertad con el ardite
el símbolo y la fe de ser sicarios
del siervo y sometido el escondite
son totem y tabú de su deseo
por ello cristo el che o prometeo


entre las telarañas de costumbre
la libertad la mata un conformismo
la asesina impertérrita una herrumbre
una zona azogada y el despotismo
venenoso y letal con servidumbre
de vasallo formal en fanatismo
del dócil resignado conformista
de costra en la rutina apologista

bueno de la servidumbre voluntaria
es la libre erección de los tiranos
priapismo de la verga propietaria
enarbolada para el besamanos
a ninguno se le hace la contraria
la soban como tercos parroquianos
el culto voluntario al servilismo
mantiene en el fervor un erotismo


son tus pasos confuso militante
media vida quemada en la trinchera
estudios y discusión beligerante
revolución pintadas y quimera
por la liberación más fulminante
que nadie más esclavo se tuviera
nunca pudo razón y su campaña
librar a los esclavos de su maña


si los pobres de sí piden ayuda
que los vote los suba hasta su mando
y si el siervo de él nunca lo duda
va con su voto siempre regalando
y sus cadenas ve que nunca muda
y sus prisiones más lo van atando
estúpido será pues que a ese preso
libere la razón del embeleso


el miedo viejo amigo de la muerte
muerte antigua enemiga de la vida
a la vida no le cabe mejor suerte
que gozar la libertad por esa herida
total y dura en que el hombre no está fuerte
se desangra sutil y fratricida
el miedo va mascando la existencia
marca esclavitud y muerte en anuencia


la anuencia esclavitud y muerte marca
y la existencia va mascando el miedo
fratricida y sutil que se desmarca
el hombre no está fuerte en ese credo
de herida libertad en que se enmarca
no lo vive en su vida con denuedo
su vida es enemiga de esa suerte
el miedo viejo amigo de la muerte


ante tus ojos tiemblo color de olas
tiemblo color de yerba ya cortada
tiemblo color de fuego y de amapolas
tiemblo del arcoiris andanada
retiemblo ese color con que arrebolas
el total universo en bocanada
entre lo oscuro apaga oscuridad
en los colores crece libertad

De Vínculo del miedo, 2006

3 de abril de 2008

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HUIR DEL ENEMIGO



Aconsejo que durante la lectura del texto de la novela el lector active uno de los temas propuestos de Wim Mertens: Lucha por placer/Struggle for pleasure y A menudo un pájaro/often a bird. Dos sintonías diferentes, dos sensaciones, dos huidas.
Se me ha ocurrido poner el arranque de mi novela Los Héroes Huyen del enemigo, en su octavo año triunfal de salida impresa, 2000, inaugurando, de esa manera, el nuevo milenio, que no otra cosa pretendía, para gloria de las letras patrias de la única patria de las letras, esto es, la lengua en que uno escribe y se inscribe. Única patria digna de serlo, y matria y todo lo que es uno y lo mismo, elevado a la quintaesencia de la libertad y la belleza...

¡Vale, vale, vaaaaaaaaaaaaalee!, que esto se está hinchando demasiado y en estos parvos tiempos la gente no está por la labor de la verborragia acelerada y la cohetería verbal. Que hay estreñimiento de tiempo, parquedad de expresión, medida corta de dicterios y cortas miras. Minimalismo comercial, alfiler de lectura, microbio de escritura y todo de letra gorda.

Escrita en cuartillas a mano, a finales de los años setenta, casi toda en una cocina pequeña y al borde de una mesa pintada de azul y blanco. Revisada y vuelta revisar en los años posteriores. Incluso experimentaba juegos de pruebas como aquel de presentar, al premio Felipe Trigo de relatos cortos, este primer capítulo, que quedó finalista, y casi me dan el premio. Cuando me devolvieron los originales pude comprobar que uno de los miembros de jurado dejó una nota, en papel aparte, muy esclarecedora de la valoración, que a su ver era alta, como de algo genial; pero que el final era algo brusco y tal. Y llevaba razón. No era más que un capítulo de algo mayor. Si me dan el premio de aquellos relatos, por un sólo capítulo, sería para reír bastante.
Y ese tipo de bromas me gusta hacerlo a los certámenes literarios. Ya contaré, algún día, algunas gordas y que funcionaron muy bien a mis pretensiones de poner en ridículo tales prácticas meramente comerciales y de literatura mala para la chusma y el populacho consumista y de mal paladar seudocultural y de literatura falsa.

I

CARICATO Y LOS DEMÁS DEL ÉXODO

Fugitivo por su fatal destino.
VIRGILIO

Amanecieron temprano aquel día. El autostop estaba jodido en aquel tiempo horrible. Pero el enemigo se acercaba y era la única forma de escape. Se les paró un señor, gurripato para más señas. Con pintas de mohoso y maloliente. Montaron los tres en el coche, que emprendió una rápida fuga. Fue providencial, pues si hubiese parado minutos después hubiera sido catastrófico. El enemigo tomó el pueblo al rato. Los hubiese pillado y aplastado sin piedad. La mano de Caricato, haciendo la puñeta, con su dedo pulgar rígido, fue la mano de Dios. Esto del autostop salva vidas. Ya había pasado todo y huían no se sabe a donde. Nunca se vio la providencial mano de Dios mediar en un momento de peligro tan bien como lo hizo en este caso. Se portó. Desde aquel día se cree más en la mano de Dios. Aunque esté representada en la de Caricato. El cariño es el mismo. No importa que estuviera haciendo la puñeta y con el dedo pulgar enhiesto. Una higa de la suerte.

Caricato sólo cogió dos libras de chocolate y algunos pedazos de pan, un afilalápices y algún lapicero, un cortauñas y media botella de naranjada con burbujas. Saxolfeo tocó una linda melodía con su acordeón para celebrar la providencial, inusitada, oportuna intervención de Dios en su huida. Los demás tararearon mentalmente, en cascada psíquica musical, la cancioncilla. Todo no era más que argucia para simular la terrible atribulación que acongojaba sus almas. Otra vez a danzar de acá para allá huyendo del enemigo. Otra vez a vivir al día. Guerra, aventura, peripecias inconfesables. Aquello sería como jugar al truque, ese inevitable juego infantil que consiste en volver a empezar. Iniciático truque. Peligros innumerables, en manera alguna peripatéticos y menos aún periándricos. La más terrible de todas. Ser fugitivo. O creerse fugitivo para corretear ciudades, pueblos, campos, aldeas, cortijos, mentes, cuerpos, árboles, grutas, chominos, casas, torres, castillos, libros, historias e incluso los caminos de Dios, ese Dios siempre dispuesto a ayudar, al buen Dios, gracias, como diría la Diabla.

El conductor benevolente que se dignó cogerlos, salvándoles de una inmediata y terrible destrucción por parte del enemigo, estaba ebrio. Borracho conducía a una vertiginosa velocidad, centelleante velocidad. Era un buen automóvil. Cuando el conductor se paró, pareció adivinar que iban huyendo, pues ni preguntó a donde se dirigían, ni ellos se dignaron decírselo.

Telesforo, que era peluquero, se había llevado sus tijeras y un peine, una brocha de afeitar y la navaja. Todo ello iba bien guardado en un estuche de plástico con otras cosas que nunca se revelaron a la luz pública. La precipitación no les permitió coger otros utensilios más necesarios para enfrentarse al enemigo. Se iban con lo puesto.

La carretera era recta, pocas curvas, aunque el piso estaba en buen estado. Llevaban recorridos cerca de cien kilómetros desde que les cogió el eficaz piloto de carreras que conducía el bólido. Saxolfeo les había deleitado con su acordeón y casi agotó el repertorio chalanesco de popurrís situacionales, o sea, habíanse acabado las tonadillas que en estos casos precisos suelen entonarse para solaz y beneplácito de los viajeros. Caricato había pedido papel al chófer y éste le regaló un cuadernillo. Apresuradamente y con letra pequeña y apretada anotó en él las peripecias de lo que parecía ser el primer día de campaña. Caricato sería algo así como el cronista del segundo acecho del enemigo. Tenía letra distinta y clara, aunque adolecía de múltiples faltas de ortografía y puntuación. Por eso cuando el cura lo bautizó le puso Caricato. Le regaló un lápiz mágico que nunca usó, aunque lo llevaba siempre colgado al cuello como el apuntador de un teatro. Era primavera, todo verde con flores al lado de la carretera; pero se veía envuelto en una torrencial lluvia gris interior en el alma de ellos bajo la tácita amenaza del enemigo, que seguramente les seguía los pasos. Con ése nunca se sabe y es difícil pronosticar resultados o planear ocasionales escapes. Siempre se dan cuanta que pisa sus pisadas. Todavía no sabían el punto de reunión con todos los miembros. El Mitra y La Cañon habían estado esta vez papando moscas. Confiaban en su recuperación, en caso de no haber sido apresados por el enemigo. Estaban, desorientados, desconcertados, como nacidos a la vida. Se habían caído de un árbol. Caricato se ajustó las gafas y siguió con sus consideraciones metafísicas. La crónica de la huida no intentaba ser, en manera alguna, objetiva, bueno, que no intentaba estar redactada de esa manera pelandusca que llaman, con empacho de búho rastrojero, objetiva.

Un camión se les interpuso en el camino. Se aminoró la velocidad del vehículo pidiendo paso. Una robusta mano apareció, ¿otra vez la ubicua mano de Dios?, como abofeteando el aire o remando, desde la cabina donde se presuponía que iba el camionero. Aceleró deportivamente, ronroneando el motor. Un silvestre pitido agradeció el gesto que fue respondido por un bocinazo que les hizo un revoltijo en las tripas. Tan angustiados estaban. Es que aquello de pensar que sólo por unos breves minutos no habían sido presas del enemigo excitaba sus ánimos. Saxolfeo tocó en aquellos momentos la melodía del Lago de los Cisnes, en versión muy particular e irreconocible, inspirado por el vuelo sobresaltado de algunas gallináceas que picoteaban hierba al lado de la carretera. El ebrio conductor ofreció cigarrillos a los tres para calmar ánimos. Después se enteraron de que también huía del enemigo y que se llamaba Agusa. Era padre de familia. Dos niños y una hijita sordomuda que se llamaba Talita. También les ofreció chicles y algunos tranquilizantes que llevaba. Aceleró el vehículo y subió ágil una pronunciada pendiente de la carretera. En la bajada sintieron todos un repentino cosquilleo en el bajo vientre, esa presión en las sienes que se nota al bajar. Bajar a alta velocidad una cuesta. Les alegró el ánimo ligeramente y disipó sus dudas. Caricato, Saxolfeo y Telesforo no tenían noticias de un tal Agusa que también estaba conminado a huir.

La verdad es que hacía bastante tiempo que gozaban de tranquilidad. No habían recibido la noticia de que un nuevo miembro, Agusa, estaba en el grupo. Es que El Mitra y La Cañon eran unos irresponsables o estaban todo el tiempo haciendo porquerías. Sí, sería eso. Mejor no pensar otra cosa. Si se ponen a pensar que habían sido apresados, torturados cruelmente como sólo el enemigo solía hacerlo y quizás asesinados inmisericordemente, era peor. Mejor suponerse que habían abandonado negligentemente sus tareas informativas. El acordeón emitía un sonido semejante a la música de Vivaldi llamada primaveral. A todos se les ocurrió pensar en el Entierro del Conde de Orgaz, del Greco. Pero ese embeleso se sobresaltó de nuevo y buscaron mentalmente algún entretenimiento más lógico. Charlar como amigos o jugar al ajedrez. Pero no podían. Se les agolpaba la tensión en el meollo de sus cerebros. Las curvas se intensificaban a derecha e izquierda y el peligro de precipitarse por las laderas de la carretera crecía. Redujo velocidad y recordó a su mujer. No sería molestada por el enemigo. Además había perdido todos sus encantos. No había cuidado. Lo que temía era por su colección de sellos. No, no era un inmoral, ni pretendía hacer un chiste. Ni un cínico. Cuidado. Un frenazo hendió el aire con un chasquido como de látigo. Todos se crisparon. Caricato pensó en lo terrible que sería que todo el territorio estuviese ocupado por el enemigo. No era probable. Siempre avanzaba desde el sur, y ellos venían de allá, donde lo habían visto. No era tampoco posible que les hubiese adelantado a pesar de contar con material más rápido. Al borde de la carretera vieron a un chaval con mochila que les hizo amagos para que pararan. No lo hicieron y vieron las gesticulaciones del muchacho diciéndoles incluso blasfemias que nunca oyeron. Se sintieron más cohibidos. Pero no era posible que aquel mozo huyera. En ese caso le hubiesen hecho un hueco. Aunque perdieran velocidad y comodidad. Todo sea por el bien de la causa. Para alegrar a los fugitivos Saxolfeo tocó primorosamente un vals. A todos obnubiló con su preciosa melodía. Luego un tango, aquel que dice: Adiós muchachos, compañeros de mi vida,... Saxolfeo era un ilustre músico que huía del enemigo sin saber a ciencia cierta por qué lo hacía. Había llegado, a través del esfuerzo y de la técnica, a ser uno de los mejores tocadores de acordeón del mundo. Estudió en un Real Conservatorio y era admirado y querido. A lo menos eso creía hasta que apareció el enemigo. El coche zumbaba a más de cien por hora. Contaban chistes y a Saxolfeo se le ocurrió tocar una fuga. Caricato terminó sus anotaciones, en el cuaderno, por el momento. Llegada la noche haría examen de conciencia. La noche parece prometer siempre tranquilidad y paz, propiciar a la meditación y al análisis detenido. Pero hay un cántico espiritual que dice:

La noche, el caos, el terror,
cuanto a las sombras pertenece
siente que el alba de oro crece
y está más próximo el Señor.

Caricato prefirió no hacer caso a esta cantinela frailuna que gorjean en laudes los habitantes monacales. Miles de aventuras les esperaban. Acción, hambre, penurias, cambalacheos entre bastidores. Pero lo más peligroso es que en todo aquello se jugaban la cabeza, la mente, la cordura, el tipo o varios miles de cantidades de dinero. Era terrible, y Telesforo sacó un caramelo de fresa de su estuche de plástico. Esto le recordó a su primer amor de juventud, que nunca se olvida. Entre los aventureros también se dan los amoríos fugaces. Aquellos de estar con ella y tener que huir por la ventana en ropas menores porque el enemigo quiere descerrajar las puertas. Huir campo a través, hacer autostop para acabar no se sabe en qué sitio. El enemigo era cruel. El acordeón calló y el conductor puso la radio en funcionamiento. Transmitió noticias falsas y sin interés. El enemigo avanzaba hacia el norte; pero no dio datos de la situación aproximada. El automóvil se vio acelerado. Había destruido varias ciudades. No se precisó cuales. El desconcierto se intensificó. Aunque un cierto alivio les corrió por la médula espinal, enterneciendo su rígido ánimo. Después de una breve pausa musical, una melodiosa voz femenina volvió a hablar del enemigo. Esta vez diciendo que tenía tomado casi todo el territorio. Obvio parecía pensar que la alternativa que se fraguaba era la guerrilla. El adversario estaba en todas partes. Pero ellos huían velozmente. La esperanza no se pierde. Podría ser una argucia de la emisora tomada, para equivocar, despistar y aterrorizar a los que huían. Pudiera ser que ni siquiera hubiese ocupado una cuarta parte del territorio. De seguro que era una hábil maniobra mentirosa de esa locutora de voz de ratita simpática. Pero ellos no picarían. Se crecieron en su interior y decidieron no morder el anzuelo. Sería un error. No lo harían. Sería un yerro propio de novatos, de palurdos. Saxolfeo tocó en el acordeón una alegre música de circo, callando la voz de la grácil locutora que informaba acerca de los resultados de la jornada futbolística. Con más motivo para pensar que mentía. A él, al enemigo, no le gustaba el fútbol. Mandaron callar a Saxolfeo y cambiaron a una frecuencia modulada en la radio, que ofrecía música de continuo.

Muchachos, conviene, en caso de ser cierto lo que dice la radio, vigilar atentamente por si vemos indicios del enemigo dijo Caricato, volviendo de nuevo a anotar en el cuaderno sus observaciones. Su voz había sonado hueca y como sin vida, llena de miedos.

A lo lejos vieron las primeras casas de un pueblo grande. Era ya la una y media de la tarde y con las precipitaciones no habían comido. El hambre recordada les hizo olvidar, momentáneamente, sus miedos. Miraron y remiraron para ver si veían indicios del contrario en el pueblo; pero estos no aparecían. Se pararon junto a un bar de la ruta. Aparcaron el auto de forma que se pudiera poner en fuga sin estorbos, en caso de tener que huir por la inmimente presencia del enemigo.

En la puerta un viejo vendía labores de tabaco y cerillas a los clientes del bar. Compraron por nerviosismo. Le preguntaron si había visto a su rival y el viejo, poniendo cara de circunstancia, con voz como de cachondeo, les dijo que aún no. Pero que vendría. A uno de ellos le entró hipo, no habiendo comido. Penetraron en el establecimiento, que tenía amplios ventanales para ver si venía la acechanza adversa. Saxolfeo echó unas monedas en una máquina tragaperras. Los demás se sentaron a una mesa. Pidieron ocho bocadillos variados, varias jarras de cerveza. Comieron apetitosamente. El local no estaba muy concurrido, pero la asistencia era intachable. Buen servicio. Alguno pidió bicarbonato. Sabido es que la continua preocupación favorece los desajustes estomacales. Alguno también visitó el mingitorio. Luego tomaron café con leche. Se bebieron copas de coñac. Compraron ron, vino fino, champán. Pagaron dando más dinero de la cuenta al dueño del bar para que no hablara y, sigilosamente, subieron al coche, partiendo de nuevo en dirección al norte. Al rato Telesforo recordó el olvido del tabaco encima de la mesa del bar, el mechero y unas monedas. No volvieron a recogerlos.

Parloteaban alegremente. Saxolfeo, cansado y somnoliento por la comida, no volvió a tocar el acordeón, dejándolo arrumbado momentáneamente. Telesforo se lamentaba de sus pérdidas. Caricato disertó un cuarto de hora sobre las propiedades del bicarbonato. El enemigo parecía olvidado. La vida les sonreía en este día, o, al menos, en aquellos momentos. El conductor les ofreció unos cigarrillos ingleses de tabaco rubio. Ahora el día sí parecía sonrientemente primaveral. Vieron de nuevo a una mujer joven que les hacía autostop. No pararon, arremetiendo el corte de manga de la deslenguada autostopista. Mierda de mujeres de coño ancho y mente estrecha, pensó Telesforo. Sacó un espejito de su estuche de plástico y se regodeó de su carita de ángel recién aparecido a Jacob. Era una preciosidad. Nada de narcisismo. Es que uno es peluquero. Pero el enemigo parecía lejos de su conciencia. Parecía haberse ido, vencido por aquellas montañas pegando tiros con una caña, como dicen los chavales en sus juegos.

Abundaban los inmensos carteles publicitarios a ambos lados de la carretera. Ahora se había hecho más ancha y con el piso en mejor estado. El auto volaba literalmente, como con muchas prisas, con demasiadas prisas. Aquello parecía una fugaz ambulancia con crónicos enfermos que son esperados en cualquier hospital. Caricato recordaba que, a pesar de las prisas, no había olvidado a su muñeca hinchable que llevaba junto al chocolate y el pan en su bolsa de plástico. Sin ella se le hacía difícil su existencia, su angustia existencial, aunque jamás había tenido náuseas. Era un modelo importado de Japón de la mejor calidad. Tenía un parche en el dedo gordo del pie derecho. El agujero se lo produjo en un momento de furor. Menos mal que tenía arreglo. El parche se le puso él, sin necesidad de tener que ir a ningún taller de recauchutados. La muñeca hinchable era su delicia nocturna. El enemigo jamás había logrado arrebatársela. ¡Qué lo intentara! ¡Se las vería con él! Sabía que era insustituible. Cuando más disfrutaba con ella era cuando le insuflaba aire, que era cuando le daba vida de su vida. Y en el colegio le dijeron que el anhídrido carbónico y el vapor de agua de la respiración no servían al hombre para vivir y respirar, ¡mentira! Desde luego era mejor que una mujer. Con más sentimientos incluso. El Mitra se la escondió cierta vez y tuvo con él una reyerta, en la que le produjo en la cara una cicatriz de un navajazo. Después se arrepintió.

No vayamos a pensar que son locos. No, no son locos. Ni ladrones o macarras, ni gamberros.

El auto seguía tragando kilómetros tras kilómetros. Llevaba ya mucho tiempo en su huida. Esta era la segunda fuga precipitada que tenían. Sería recordada en la historia.

Caricato gustaba evocar, con tierno cariño, lo que dejaba atrás. Su pueblo, sus gentes. Todo en manos del enemigo. Del cruel, del malvado. Esta vez ni siquiera podría volver. ¡Quién sabe! ¡Oh, atroz vida! La vida es más dura de lo que pretenden creer los cretinos. Es como el cristal, dura y frágil. Pero para ellos, por eso mismo, merece la pena vivirse. Aman la aventura, la peripecia, el recorrido, el juego infantil llamado truque, haciéndolo adulto y agigantando su envergadura. Por eso huían. Pero también para salvar el pellejo y la mente.

¡El enemigo existe! gritó Saxolfeo, dando un trompetazo en los oídos de los otros tres.

El conductor asustado aminoró la velocidad. Se paró en seco. Todos se miraron con miedo, con pánico. A Telesforo le repitió el chorizo; dio un erupto. Todos palidecieron. La presencia del enemigo se olía dentro del automóvil.

-Arranca, ¡deprisa, Agusa! ¡Arranca! Caricato se atragantó con estas palabras.

Agusa recordó a sus niños. Aceleró vertiginosamente y unas lágrimas rodaron por sus mejillas. La vida era una fugaz aventurilla donde lo trágico y lo cómico se sonríen mutuamente.

-Nos estamos quedando sin gasolina.
-Ahora viene una gasolinera.
-Sí, ¡allí, allí!
-Allí, ¿qué?
-Llenaremos.

A unos quinientos metros de la gasolinera pararon. No se veía ni rastro de ese ubicuo y prolífico enemigo. Se acercó el coche sigilosamente. Salió el empleado que les llenó el depósito. Alegremente el coche partió de nuevo. Todos parecían, de momento, muy alegres. Saxolfeo se peyó y olía a rayos y truenos. Abrieron todas las ventanillas y el conductor aceleró brevemente. Se abrió una botella de coñac que pasó de mano en mano. Todos se sintieron reconfortados, tranquilos. Un ciclista estuvo a punto de ser atropellado. A lo lejos unos labradores realizaban sus faenas. Caricato tomaba nuevas notas. Telesforo tuvo un furtivo ataque de risa. Recordó que llevaba colonia de la mejor calidad en su estuche de plástico y no la había sacado para aspergiar por el coche y evitar los malos olores provenientes de los intestinos. Alguien tuvo hambre y sacó uno de los bocadillos, comprado para tal efecto, y comenzó a zampárselo tranquilamente. Ahora se cruzaban con bastantes coches que venían no se sabe de donde. Seguro que aquellos no temían al enemigo. Es más, serían sus colaboradores. Habría que tener cuidado. No fiarse de nadie.

Bueno, su mujer no tenía grandes atractivos; pero entre el enemigo había desaprensivos. Recordaba su primer amor, por llamarlo de alguna manera. Fue sexual. Él tenía unos catorce años, ella trece. Pero no le cabía por mucho que lo intentó. Y eso que no la tenía muy grande, al menos eso pensaba. Aquella noche pasada, follando con su mujer, recordó lo de: “Allí enanos azules se follan a las nubes”. No era tan bajo como un enano; pero, a veces, las nubes toman formas caprichosas de mujeres desnudas, aunque todas suelen ser orondas hembras barrocas. Él no las desprecia, al contrario, le gustan. Esas mujeres carnosas, sin proporciones desgarbadas ni de carnes pachuchas, proporcionadas, exuberantes; pero no de la exuberancia de mulatas tropicales, sino de carnes blancas, sonrosadas todas ellas, de pelos sedosos y rubios, trenzados en moños deshilachados con gracejo, que parece que se acaban de levantar del lecho después de una noche ajetreada; pero no perturbada por el macho, sino por el sueño de un voraz macho. Esas mujeres del diez y siete que, aunque tirando ya a maduras, parecen, sin embargo, vírgenes que te esperan en su mullido lecho con unos voraces entresijos que te absuelven, absorviéndote, todo entero. El conductor aceleró apretando su pierna en el acelerador. Un coche había que saberlo montar como a una hembra y como a un caballo.

No podían disimular que su situación era difícil. Se hallaban desconectados de las informaciones de El Mitra y La Cañon. Con inevitables sospechas hacia todas las gentes. No obstante, y a pesar de todo, había que salir del atolladero como hombres valerosos y no abandonarse a la desesperación: Había que buscar el modo de salvarse; y si fuera posible disponerse a morir con valentía. Pero que jamás el enemigo pusiera la mano encima mientras estuvieran vivos. Estaban seguros de que padecerían los peores tormentos y torturas que pudieran imaginar.

Caricato, con su mediana edad, ni joven ni adulto, se regodeaba volviendo a pensar en su hinchable muñeca. Salvadora de todos los naufragios. Proverbial barquilla aún no rota entre peñascos. Tenía estudios universitarios, una vida estable, era bien parecido. Pero el enemigo le perseguía. Seguro que por envidia. Sí, pura y recomiente envidia. Pecado internacional. Miró el reloj y lo maldijo por comer las horas, minutos y segundos. Después miró el espacio casi infinito, a la materia corruptible y titánica. ¿Quién nos librará del tiempo?, ¿quién? Ya no se cree en Zeus.

2 de abril de 2008

ZANDAULA

El objeto de esta obra es reunir dichas premisas para ofrecer una explicación clara y probable del sacerdocio de Nemi.
J.G. Frazer, La Rama Dorada

Reunión, ayer, en el Zurbarán, con la peña de la Plataforma Autovía Sí, Por La Sierra No; que hacía dos jornadas que no pude asistir. Pleno total de la gente de la comisión. Y, como siempre, muy interesante, grato, amable, necesaria esta movida de la gente por lo razonable, lo justo, lo que debe ser. De destacar a los miembros del grupo conservacionista local ANCEX, explicando su postura y desmintiendo al concejal, mentiroso e intoxicador, que andaba levantando la calumnia de que ellos defendían el trazado oficial. De ese señor no cabe esperar otra cosa que torpeza y eso, calumnia y mentira. Él allá. Aquí ni lo nombro. El innombrable desde ahora. Sin nada personal; pero todo contra sus métodos, contra sus mentiras, infundios e intoxicaciones. Y carta de Perozo, Xosé Antonio Perozo, personal y a Antonio Iñesta, declarándole su posición incondicional a que la autovía vaya por el pie de la sierra de san Miguel, y que hará todo lo posible porque le oígan algunas personas con responsabilidades de Gobierno, a las que tiene acceso directo, desde Zapatero al futuro ministro de Fomento, pasando por quien estime. ¡Bravo por el paisano en las alturas! Y, a vuelapluma, destaco la formalización de la Plataforma Autovía Sí, Por la Sierra No, como organización legal, con sus estatutos y todo eso. Fue, entre otras cosas, de las que hay información puntual en otros lugares, el plato fuerte.

Y, como siempre, uno aprende mucho de la gente que sabe. Humilde esponjita a mis años, estudios, y formación. Santiago Herrojo me enseña, lo escucho. Todo lo completa el amigo Peña luego, y mi reflexión después.

De siempre creo que anduve atento a la cultura de mi entorno. Cultura entendida como cultivo de ese entorno, cuidado, adaptación, al cómo se vive, se desvive, cómo se está en relación, como se adopta, se adapta, se maneja, nos maneja, se piensa, se usa, nos usa… Atento a que el hombre lleva sobre la superficie del planeta miles de años, como tal animal inteligente. Atento a que millones de seres humanos han interpretado, han creado, han usado todo lo que entendemos por entorno y han creado una cultura, en su más noble sentido. Cultura como adaptación al medio, y adoptar el medio para la vida, el arte, incluso la muerte, la alegría, la subsistencia... Todo eso es cultura, la Cultura con mayúsculas. Lo que de siempre he entendido por cultura. No a la libresca o erudita, que también lo es, con ser, no a la de estudios universitarios y galerías de arte y conciertos musicales con música arrancada de sofisticados instrumentos llamados violines o pianos, tal cultos y convencionales como la chirraera o el rabel de pastores. No la cultura del ministerio, que eso es seca burocracia huera y vana, ganas de gastar dineros y dar poltronas y cargos, y menos, muchísimo menos la cultura que despacha la cConsejería del Ramo de la Jungla de Extremadura, que eso no es sino cultureta para sicarios y advenedizos, estómagos agradecíos y apreveníos, gente de toma y daca, trinque y alquiler de almas, poltronas y carrerita solventá pa tontos, escribidores, poetillas de ringorrangos y sacapechos onerosos al erario público, para sus famas y bolsillos… De siempre, y aplicando los métodos adquiridos en los libros y en la universidad, sofisticados usos de la cultura de base de que hablo, he publicado trabajos sobre esa cultura que llaman popular, y que prefiero llamar de la gente. Sobre aspectos concretos.

Y es que somos los últimos testigos de los vestigios de nuestra cultura popular o de la gente, de corte campesino y ganadero, nuestra cultura, esa cultura, se muere en su sentido amplio, profundo, de fondo, nuestras artes no tangibles también, nuestro patrimonio más necesario para sabernos quienes somos y de dónde realmente venimos. Que esa sería la Gran Memoria Histórica que olvidan, la que debe importar primero. La sabiduría popular en donde están todas las memorias, todas las historias, todos los saberes, la sabiduría. Ya sé que estoy cometiendo un error mayúsculo. El de dar todo el valor a eso. Siempre se ha acusado de tal cosa a los etnólogos, antropólogos y filólogos que decimos tal. No me extraña. Pero reconozco que, a fuer de exagerado, digo la verdad, esa verdad móvil y provisional con que se trabaja en la buena dirección en todos los ámbitos de la vida. No la verdad cerrada del titulado universitario que hace carrera para conseguirse el chusco, ir de sobrado y enteradillo a piñón fijo y de metomentodo contra la cultura de la gente..

Digo que he hecho y publicado trabajos que bien se pueden encuadrar en la etnología o la antropología, en mi admiración por esos vestigios de la cultura de la gente, inmemorial, que se pierden. Consciente de que era un último testigo. Los medios publicitarios y divulgativos del pensamiento único y de la única cultura se están encargando de la quema de las otras culturas diversas, autóctonas, enraizadas con los lugares, las llamadas por los soberbios burócratas de las alturas, cultura local, que es algo como decir de locos, en el sentido peyorativo que dan al término. Realmente esas culturas se han perdido en su totalidad en lo que llaman Europa, y quedan flecos inconexos, perdidos, descabalados. Y en esa partición y pérdida nos resultan extraños, sinsentidos, raros, para algunos risibles o equiparables a la cultureta del motor de explosión y la tele, el inglés práctico como lengua de mercado en todos los sentidos mercachifles, el bombo y el platillo de lo más, el que más, quien más y del autoritarismo democrático y la vesania del líder de esto y de lo otro y siempre líder napoleónico, la cultura de las marcas y marcos, la de los actores y los infamentes mentideros de la tele y sus habladurías de patio de vecinas a lo bestia, la cultura del chichilicuatro como zapatero remendón mu inteligente y lo mejón de lo mejón porque lo dice la chusma, ¡y yastá!

Santiago Herrojo apenas era conocido por mí, siendo, como somos, vecinos de Llerena. Él trabaja en el campo, se dedica al campo, como dicen ampliamente. Y ayer echamos un breve párrafo en donde me habló de las Puertas de Murcia, la Puerta del Sollar, de pelos para vigorizar plantas, de pelos que se convierten en culebras, de cómo sabe seguro si lloverá o no, si frío o menos, y acabó por algo de las cabañuelas de agosto. Forma premonitoria del clima que hará en los siguientes doce meses, de origen hebreo y cabalístico. Y como íbamos a la reunión que nos traía, pues le emplacé para mejor ocasión y que me cuente, despacito, que todo era muy interesante, en verdad.

Que si a los sarmientos, cuando se plantan, se les espachurra un poco para que tiren mejor, y si les atamos unos pelos, entonces óptimo, que les dan fuerza. Que si metemos un pelo de mujer en una botella se convierte en culebra. Y sale el mito de la serpiente y la dona. Que encierra mucho más que eso, que sería simpleza si me quedo ahí. Toda una visión del universo comenzada por un pelo: cosmovisión pilórica. Y se me ocurre que lo mismo que en La Rama Dorada, de J.G. Frazer, que el autor indaga sobre el mito de Nemi y tira de la cuerda, del hilo y de la manta, o de los pelos y descubre toda una cosmovisión.

Finalmente vino lo de las habas, sí, la humilde haba de nuestras huertas que ahora granan, y hace unas semanas comí tiernas y verdes. Resulta que Peña me dice que en los años bisiestos vienen los granos en inversa posición en su vaina. O que cada cuatro años las habas se dan invertidas en su cubierta natural y vegetal, coincidiendo en bisiestos. Que ya aguzaron los creadores de la convención e invento de la medida del año, para hacer coincidir el que cada cuatro años se inviertan las habas en su vaina, y que sea bisiesto, ya. Cábalas y matemáticas agudas, a todas luces. Que ni por ordenata, ¡oíga, señora!, ni por ordenador. Y recordé, mientras se me contaba lo de las habas, lo de Pitágoras, el matemático antiguo y grande sabio, que murió en un campo de habas, huyendo del tirano al que servía, y Pitágoras las odiaba y tenía prohibido su consumo a sus seguidores, y por él mismo. Ironías del destino. Y que eso, los pitagóricos no las comían, lo tenían prohibido. Y el dicho popular de la gente de Llerena: Las jabas tienen bichos, referido a que la cosa no está clara, alguien intenta engañar, esto no va bien y expresiones similares, que me vienen al pelo para decirlo sobre la autovía: ¡qué las jabas tienen bichos, Valentín!

De Las Puertas de Murcia y de Las Puertas del Sollar hablaré en otra ocasión más certera, en cuanto me recupere de tanta cosa nueva y la digiera.

Y sí serán brutos estos manijeros de la Administración, que quieren poner un cincho de autovía alrededor de Llerena, destrozando una de las zonas más hermosas que la circunda, a esta población que está declarada conjunto histórico, artístico y monumental. Y con los inmensos dineros y esfuerzos que esa misma Administración hace y deshace para potenciar un turismo que ya no verá, ni disfrutará, ni se atraerá la hermosura prístina del entorno llerenense sino asediada por el zumbido de autos y demás motores de explosión, por una autovía elevada sobre la más hermosa línea y visión del horizonte. Y todo el negocio al garete, a la mierda pura y dura, todos los esfuerzos por ese turismo no verán sus frutos, pues se mata la gallina de los huevos de oro, rodeándola con autovía por la sierra.

¿Habrá mayor falta de incoherencia? ¿O es que los ocultos intereses en lo que, desde ahora, llamamos Triángulo de las Bermudas –lo que se encierra desde la carretera de los Labradores hacía el sureste, por donde hay placas solares y eso- impiden que la autovía vaya por donde debe ir? Esto es por la zona norte de Llerena, kilómetro arriba o abajo y más allá, eso da lo mismo siempre que se impidan daños mayores y beneficio común.

Y también nombro, con delicadeza, la zandaula, esa misteriosa y aromática planta, que de momento creo autóctona, a lo menos la forma de nombrarla, que Peña me dice con satisfacción, y que crece por los brocales de los pozos, y en los humedales, y que me promete darme para plantar y hacerme ver cómo es. Lo emplazo y así llamo a la entrada. Y me voy, que mañana tengo habas con alcanciles, guisadas con su culantro verde y demás, y quiero ver si los granos vienen, en la vaina, invertidos, como año bisiesto que es. Y que quiero hacer la comparativa foto del suceso mágico y natural, o fotos, a fin de esperar al año que viene y ver si, efectivamente, vienen, o vendrán, en distinta posición a la de éste, envainadas. Salud.