
Otro libro es de María Zambrano, El hombre y lo divino, que leí prestado en su día. En edición nueva y barata del Fondo de Cultura Económica, colección Heteroclásica, marco Pensar el español. Y en esa misma colección el útimo libro, El pensamiento de Platón, de Juan Nuño, con prólogo de su hija Ana Nuño.
Conocí a Ana Nuño por teléfono, y fue sobre 1997. Sí creo que fue el último año que estuvo al frente de la madura revista Quimera, de literatura y crítica literaria. Llamé a la misma revista, a cuento de no sé que asunto que precisaba, tampoco recuerdo si fue a cuento de ser suscriptor antiguo, o por alguna cosa como dar cancha en la misma a algún producto editorial tipo premio planeta, que vaya cara la de algunos mediocres... Lo cierto es que se me puso la mismita Ana Nuño y charlamos de lo divino y de lo humano, y me invitó a mandar alguna cosa a la revista para su publicación, como lector y suscriptor, amén de creador, por considerarlo importante y rompedor con la línea de la misma. Claro que con semejante postura está claro que no iba a durar mucho al frente de la revista, y así creo que fue a los pocos meses... Como así ha sido.
Luego leí su Sextinario, preciosa muestra de sextinas impecables. Y sobre todo el prólogo del mismo, en donde Ana pone dedo en la llaga de los males de cierta poesía moderna en castellano, o presuntamente moderna. Y los males derivados de la acción del romanticismo en la poesía, que han sido devastadores. Sin ir más lejos eliminó el humor y la risa, y acicaló el deseo, lo rijoso y veló todo de cendales de leves brumas y esas cosas tan románticas y tremendas de los sensibleros de pacotilla, para tapar la mismita realidad hermosa, lo patente de la vida y del fulgor y la libertad y la mera carne...
Así que desde hoy tengo en mi cabecera, viajera en estas semanas, un nuevo título, del que hablaré a los lectores con pormenor. Asimismo que pienso tratar de El collar de la paloma y de las razones de sus muchas lecturas como para estar tan cansado que procedo a usar otro ejemplar, a la vista del usado, del que no puedo prescindir por el cúmulo de notas, subrayados y escritos propios, incluso ajenos de algún lector amigo al que lo presté, que no dejan de iluminar el texto del musulmán que escribió, científico en saber, sobre el amor y sus cuestiones o demonios, que dijo algún poeta nada huero.
Conocí a Ana Nuño por teléfono, y fue sobre 1997. Sí creo que fue el último año que estuvo al frente de la madura revista Quimera, de literatura y crítica literaria. Llamé a la misma revista, a cuento de no sé que asunto que precisaba, tampoco recuerdo si fue a cuento de ser suscriptor antiguo, o por alguna cosa como dar cancha en la misma a algún producto editorial tipo premio planeta, que vaya cara la de algunos mediocres... Lo cierto es que se me puso la mismita Ana Nuño y charlamos de lo divino y de lo humano, y me invitó a mandar alguna cosa a la revista para su publicación, como lector y suscriptor, amén de creador, por considerarlo importante y rompedor con la línea de la misma. Claro que con semejante postura está claro que no iba a durar mucho al frente de la revista, y así creo que fue a los pocos meses... Como así ha sido.
Luego leí su Sextinario, preciosa muestra de sextinas impecables. Y sobre todo el prólogo del mismo, en donde Ana pone dedo en la llaga de los males de cierta poesía moderna en castellano, o presuntamente moderna. Y los males derivados de la acción del romanticismo en la poesía, que han sido devastadores. Sin ir más lejos eliminó el humor y la risa, y acicaló el deseo, lo rijoso y veló todo de cendales de leves brumas y esas cosas tan románticas y tremendas de los sensibleros de pacotilla, para tapar la mismita realidad hermosa, lo patente de la vida y del fulgor y la libertad y la mera carne...
Así que desde hoy tengo en mi cabecera, viajera en estas semanas, un nuevo título, del que hablaré a los lectores con pormenor. Asimismo que pienso tratar de El collar de la paloma y de las razones de sus muchas lecturas como para estar tan cansado que procedo a usar otro ejemplar, a la vista del usado, del que no puedo prescindir por el cúmulo de notas, subrayados y escritos propios, incluso ajenos de algún lector amigo al que lo presté, que no dejan de iluminar el texto del musulmán que escribió, científico en saber, sobre el amor y sus cuestiones o demonios, que dijo algún poeta nada huero.
Imagen sobre Ana Nuño, tomada de Visages de femmes,
Galerie de Guidu Antonietti di Cinarca, a quien agradezco
Galerie de Guidu Antonietti di Cinarca, a quien agradezco
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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.