26 de octubre de 2009

QUEMAR LOS LIBROS PARA SALVARSE


Cuando uno es pequeño se deja llevar por los sentimientos primarios que afectan al bienestar exclusivo del pequeño ser humano que somos, y todo lo tamizamos a través de ese punto de vista. Cuando crecemos, maduramos, nos damos cuenta que hay otros, con intereses también, con sus puntos de vista desde el yo y el cuerpo en que se ubican. Los hay -los más- que nunca salen de esa trampa de la infancia, la de creerse el cuerpo del mundo, y que todo lo que sucede es por ti, en ti, para ti, contigo... Y, por ejemplo, si alguien actúa de una manera determinada y te hace daño esa actuación, la persona esa es mala, hace mal porque te lo hace... Me imagino que en ese proceso de maduración y crecimiento cualquier vivencia traumática marca el comportamiento en el futuro con los otros, marca la vida y la forma de actuar en lo cotidiano, marca los miedos, las manías. Y si uno, siendo ese niño que cree que es el mundo, ve y vive una violencia y unos hechos violentos, si en su alrededor y en su vida irrumpe la guerra social abierta y cruda, ese niño no llega a asimilar definitivamente lo que acontece, lo desenfoca, lo revive, queda en trauma que la vida no limpia sino que transforma y revive.

Durante mucho tiempo pensé que mi padre odiaba los libros, las revistas y todo lo impreso y que, de rebote, me odiaba a mí. Mi percepción y seguridad en eso fue la que desde los ocho a los trece años, más o menos, mi padre me secuestraba sistemáticamente mis tebeos -que en Llerena llamamos cuentos, o llamábamos-, y no sólo eso, sino que las más de las veces me los quemaba o los tiraba y desaparecían...
Conviene saber que para mí la lectura se fue haciendo vicio con los cuentos, comic o tebeos, según quieran llamarse y que me asocié con mi amigo Valeriano para poder tener suficientes lectura en todo tiempo. Y fue el caso que cierta vez, jugando con este amigo, se le rompió un hueso del brazo derecho, y como estaba con él, y fui el que le tiró de sus piernas, con lo que al caer resultó la rotura; pues contraí una especie de deuda personal y de amistad a muerte con él... Por aquel tiempo un accidente de este tipo tuvo que ser arreglado en Badajoz, con coste para la familia y todo eso... Incluso llegué a compartir con mi amigo la pobre paga dominical, cuando la hubo..., en una especie de reparación del daño del que me creía culpable por haberle tirado de las piernas y haberse apoyado en el suelo, de mala manera, que se le rompió el hueso... El caso es que a él le regalaban cuentos sus familiares, conocidos y demás, y que yo tenía cierta habilidad en una especie de trueque que se hacía con los tebeos..., cambiarlos que decíamos nosotros. De manera que si yo llevaba tres apaisados del Capitán Trueno, y uno tenía de la editorial mejicana Novaro, por ejemplo, del Coyote o de Rintintín o Supermán, pues yo le daba los tres del Capitán Trueno por dos de los mejicanos, aludiendo que eran raros, que eran peores, más aburridos y ¡qué podían estar en inglés!, con lo que el niño que me quería cambiar accedía ante mi oferta siempre... Los de Trueno eran muy cortos, los de Novaro largos y en color... Solía tener buena maña para tal actividad, era convincente y jugaba con la necesidad de nuevas lecturas de mis compas de intercambio, porque conocía bien las mías. De esta manera Valeriano me entregaba todos sus tebeos para que los intercambiara por otros y le llevara nuevas lecturas, ya que él era un poco negado a eso del trapicheo comiquero. Yo lo hacía con gusto y zascandileaba por barrios y casas de posibles intercambiadores de tebeos.
Pero, curiosamente, cuando más estaba crecido nuestro capital de comics mi padre me lo secuestraba, los guardaba en un doblao, al que yo tenía prohibido el acceso y desaparecían, o los quemaba directamente en el corral..., lo que me provocaba mucho dolor, impotencia, incomprensión...
Todo eso que mi padre hacía, lo entendía como que algo malo estaba relacionado entre la lectura de comics y la vida y su enorme dureza, que por aquel tiempo (1961-67) estaba extremadamente miserable, mucha emigración, paro, crisis de siempre... Mi padre estuvo todo el año 1961 en Barcelona trabajando y buscando para irnos allá..., a la que fue por el fallecimiento de mi abuela en Vendrell. Pero el hombre vino como desencantado y diciendo que prefería vivir acá pobre que allá como vivían... En el fondo se lo agradezco mucho. Pero vamos a mis sentimientos encontrados con lo que me sucedía cada vez que mi padre desaparecía o me requisaba los cuentos. Me enfadaba mucho, pero callaba, y no perdía nunca la esperanza de que me haría de otros muchos, mejores, y que no me los quitaría nunca..., cosa que nunca hacía o a medias. Y tomaba la determinación de esconder, tener escondidos siempre, una buena remesa de comics..., o dejárselos a otro amigo... Muchas veces pude comenzar de cero porque mi amigo Vale tenía leyendo una buena parte, que si no..., y este amigo no entendía que mi padre los quemara o me los requisara, e incluso alguna vez sospechó que le mentía para quedármelos, hasta que una vez pudo comprobar que era cierto. Pero como es muy desagradable no lo pongo. Mi amigo Valen creía a duras penas que mi padre actuara así, no le cabía en la cabeza; pero tampoco se atrevía a preguntarlo a mi padre... Así que, al día siguiente, uno comenzaba de nuevo la recopilación de una nueva colección de tebeos para leer... Poco a poco fueron cayendo libros, al principio de Julio Verne, en aquellas ediciones de Bruguera ilustradas en comics, que venían en textos íntegros traducidos a la izquierda y a la derecha la historia comiqueada... Luego vendría la biblioteca municipal y todos sus libros para mí..., con aquella edición del XIX del Quijote de Doré encuadernada en piel, muy grande, en dos tomos, y que en un verano me dediqué a leer como un rajá, por su amplitud y hermosura..., luego cayó la Divina Comedia, cuyos desnudos dorenianos me inquietaban ya...
Y lo curioso es que mi padre trabajó un cierto tiempo en Sevilla, de donde venía cada fin de semana, y casi todos me trajo, aunque mejor debería decir que trajo, cuentos que yo apenas conocía, sobre todo los del Sargento Gorila, una especie de héroe gringo, bruto y medio tonto, de la guerra de Corea, o largos novelones del oeste llevados al comic, bien editados, junto a lo corriente..., y mucha Hazañas Bélicas, y lo dejaba por ahí, que yo cogía y cambiaba, y alguna vez me costó el secuestro de todos, pues preguntó por ellos y, claro, no los tenía ni aparecían, y era mayor motivo para quitarme todo... En fin, un galimatías inentendible entre quitarme los tebeos y quemarlos y traerme de Sevilla, o traerse. Con el tiempo me enteré de que vivió en una pensión cercana a la calle Feria, que era calle de mercado o mercadillo permanente, una especie de Rastro o Encante barcelonés, en el corazón de Sevilla, y en ella había bastante chiringo de venta, reventa e intercambio de comics, libros, y similares productos..., y que aquello tal vez hiciera cierta alarma a su corazoncito y mercara de ellos para paliar el mal que me hizo quemándome los míos... Especie de amor y odio, o encuentros y desencuentros...

Hasta hace poco no se me ha abierto una puerta a la posible explicación de la actuación de mi padre. Porque entiendo que un padre, por malo que sea, nunca desea ni hace mal a un hijo, y en esa creencia busco explicaciones que me den la clave, que no siempre tiene que se justa ni racional. Cierto que ese comportamiento de mi padre, unido a otros de semejantes desencuentros, no hicieron que mi relación con él fuera fluida nunca. Es más, la confianza no existió, ni el dialógo, fuera de los imprescindible para comunicarse. Pienso que mucha gente de mi generación y edad lo entenderá y lo sabe.
Fue hace poco. Tal vez en el año 2004 ó 2005, y al hilo de cierta conversación sobre la vida y experiencias de mi padre en la guerra social abierta de 1936-39, y tal vez alentado y envalentonado por ver en la tele alguna cosa sobre la memoria histórica. No lo sé. Mi madre siempre me contó lo que vivió y cómo en aquella guerra de los franquistas contra el pueblo y la gente. De cómo primero multaron a su padre con una fuerte suma de dinero y le dieron un plazo para entregarlo, y cuando lo entregó, lo detuvieron y al amanecer siguiente lo asesinaron y lo metieron en fosa común, con once más, por este tiempo de octubre de 1936... Y de como mi abuela materna recabó permisos, se negó a firmar un papel en el que querían que testificara que mi abuelo fue muerto en atropello por la fuerza pública, y que por eso fue asentada su muerte hacia finales de febrero de 1937..., y consiguió los permisos, con las otras viudas de los demás asesinados, casi todos de Trasierra, para sacarlos de allí y darles sepultura cristiana y digna. Y de como mi abuela reconoció el cuerpo, totalmente destrozado, de mi abuelo por sus ropas, por las botas esencialmente, por la petaca y el reloj..., que aún conserva mi tía en Francia. Y de como mi abuela enfermó desde entonces de la pena y murió de ella... Pero mi padre nada me contó nunca, con ser también su familia de canteo republicano. Bueno algo le oí cierta vez sobre que cuando la guerra él ya trabajaba de aprendiz en una fragua, y el herrero cogió unas granadas o bombas o similares, y que un día cuando llegó por la mañana a la fragua se la encontró destrozada con los restos del herrero esparcidos, porque había explotado uno de aquellos artilugios... Y, ya digo, fue hace poco que me contó, con detalle, cómo al enterarse, en su casa, que las tropas facciosas de los golpistas de Franco venían de Sevilla a Llerena, y que la tomarían..., en su casa, inmediatamente, se pusieron a borrar todo vestigio de signos o señales de rojez y republicanismo. Y así me contó como quemaron el reloj que en la esfera tenía las fotos de los capitanes republicanos del cuartel de Jaca que se sublevaron por la II República, reloj de pie que tenían en el salón con orgullo. Y mi padre contaba como buscaron todos los libros de la casa, las revistas, los papeles que pudieren complicar la vida y todo lo quemaron en el corral de la casa... Y mi padre dice que recordaba al suyo llorando y quemando todo lo que me pudiera complicar, y con todo y con eso decidió irse campo a través para la zona de Córdoba. Y lo hizo con un primo. Aunque cuando pasaron dos meses de que los nacionales tomaran Llerena, volvieron y fueron denunciados. Comparecieron ante un juez y condenaron a mi abuelo a poner en la puerta de su casa YO FUI COMUNISTA. Dándose la curiosidad de que mi abuelo nunca militó en el PCE, y como ferroviario militaba en la CNT... A los tres meses, un buen hombre de derechas, que hacía de juez, le permitió quitar aquello...

En fin, que me imagino que aquel tiempo sembró en el imaginario personal de mi padre, por entonces entre los diez y once años, una serie de miedos tremendos a libros, relojes de pie y de pared, bombas y fraguas..., como poco...
Y ya puede explicarse, explicarme y explicar aquella extraña manía de mi padre de castigarme siempre quitándome los cuentos, los libros, y todo lo similar, y desapareciéndolo en al doblao, o quemándolos directamente en el corral. Y no es que lo justifique, sino que en un acto de empatía (ponerse en el lugar del otro) trato de comprender lo terrible que fueron aquellos tiempos para todos, lo fatal, lo determinante, la intrahistoria cotidiana que traen, y que colea hasta el presente por hechos sucedidos entonces.

Tal vez, por todo esto, la novela Auto de fe, de Elías Canetti, que leí cuando casi nadie en este país sabía quien era ese autor, aunque siguen sin saberlo, me sea sobrecogedoramente simpática e inquietante, en todos los sentidos. Pero eso es otra historia y en otro tiempo, o entrada.

NOTA. Extracto de mi diario personal, 20 de octubre de 2009; con el acta del registro civil del fallecimiemto de mi abuelo materno, en donde se especifica que fue arrollado por la fuerza pública, que está tachado, porque en el registro me dicen que no se puede poner la causa de la muerte en los certificados literales, y que si está hay que borrarlo o tacharlo; pero la tachadura es benévola..., y la verdad es que no entiendo la razón de borrar eso..., ¿tratan de borrar los datos reales, la verdadera historia de la gente? No lo entiendo nada. Y está asentado en febrero de 1937, cuando mi abuelo fue "machacado", como acostumbraban decir los ejecutores y afines, en octubre de 1936, tal día como hoy, pongo en mi diario...

5 comentarios:

  1. Interesantísima historia.

    Saludos!

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  2. Sí, de eso apenas hablan los de la memoria esa... Otro día hablo de la llegada del agua corriente a las casas en Llerena, logro histórico mayor que el supuesto de Colón, referido al descubrimiento de América, pero como es la historia cotidiana de la gente de abajo...

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  3. Agustín: muy interesante y emotiva la historia que contás. En general en esa clase de "revoluciones" se las toman con los libros, es lo primero que destrozan, y luego con quien los lee, o no sé que es primero en realidad, no es raro que tu padre, habiendo sufrido eso de niño quedara con esa costumbre.
    En este país en los años 70 se prohibió todo tipo de bibliografía que fuera de izquierdas o "ellos" supusieran de izquierdas. Al vivir yo en un pueblito pequeño el control era menor, asi que salíamos con mi gran amiga de la biblioteca del pueblo, cuya bibliotecaria era "roja" con los libros de Ernesto Cardenal, lo poco del Che, Eduardo Galeano, etc, escondidos entre la ropa. Sabido era que cuando allanaban domicilios si hallaban esa bibliografía "eras", y además tomaban la agenda de direcciones y los contactos eran allanados también y "desaparecidos" en casos. Estudiar psicología, filosofía, antropología, sociología, etc era sinónimo de ser "guerrillero". Un fondo nos ha dejado todo eso sin dudas...en fin
    Un beso grande

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  4. Anónimo12:57 p. m.

    el mejor post que te he leído.

    por tensión narrativa y por emotividad.

    gracias por compartirlo.

    Isaac.

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  5. mari jose notario6:37 p. m.

    Geacias por dejarme leer tu testimonio
    demasiado dolor, demasiadas pérdidas inútiles
    un saludo querido amigo
    y me imagino que por fín entendiste a tu padre
    Mi testimonio puede valerte a ti. cuando entre en política mi padre se oponía frontalmente a que lo hiciera, es mas dejó de ir a votar
    no lo entendía, un dia, cuando recibí la primera amenaza del entorno abertzale llegó a casa y muy serio me dijo: si no puedo alejarte, me uniré a ti. Desde entonces fué mi amigo mas fiel en todos los momentos por los que atravesaba mi vida política, a las duras y las maduras que se suele decir
    Lo echo de menos
    lo que tenía era miedo, miedo a perderme, miedo a vivir lo que paso en la postgerra
    lo quiero!

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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.