2 de marzo de 2009

UN GATO CALLEJERO: HUCHA DE HUMO




Estaba yo como en la cocina, y el gatito andaba a su bola por la casa. Lo controlaba lejanamente por su cascabel. Atareado en diversas faenas pierdo la noción del tiempo, del espacio incluso y de que está por ahí y de que estoy por aquí. Y en ese cielo, en ese nirvana abstraído, místico certero y estático en movimiento, creo que fue en una tarea de fregar el suelo, oigo la fogosidad de un maullido diferente y fiero, bélico y frutal, y varios más como de jaleo, pelea, pendencia y alteración de toda la gatería venida de no sé dónde… Dejo todo y me acerco raudo, a través del pasillo, al sitio del que proceden…, el salón. Llego a la puerta, de dos hojas acristaladas, una de ellas abierta. Me asomo, poco a poco, oigo al gato rezongar y bufar, y con ruidos vocales de lucha… Lo que veo me pasma, entre la risa y el asombro, entre el pasmo y la admiración de que no sólo era don Quijote el de los molinos de viento, aunque no son ni molinos ni viento, claro está. En todo caso cerdo y humo, o cerdo de humo, por parangonar aquello de molinos de viento...

Resulta que dos días antes, con esto de la crisis y falta de liquidez, recordé mi guarrito. Sí, el guarrino que me regaló mi amiga Ángeles, allá por 1990, en Murcia. Una hucha en forma de cerdito, hecha en barro negro, similar al cerdo de la raza negro murciano, que no sé si existe a estas alturas de destrucción de lo autóctono, por lo transgénico. Digo si pervive esa raza de gorrinos. No pocas veces el haber engordado, con monedas de 500 pesetas antes, y ahora con de dos euros, me ha sacado de un apuro o me ha permitido un regalo. Como dato va el curioso de que tanto de monedas de quinientas pesetas como de dos euros el cerdito hace, invariable, como cien mil pesetas, o sea 6oo euros, cuando está lleno. Por eso el regalo que me suelo hacer es generoso. Y es algo que suelo hacerme. Pues lo busqué en los bajos de una estantería del salón, donde recoradaba que fue a parar en la mudanza. Lleno de polvo estaba. Lo limpié y lo puse en medio del salón, allí solo, como algo surrealista, o que provocaba una extraña situación de la que me he dado cuenta luego, no al ponerlo, cuando lo puse. De esas cosas que pasan. Y es verdad que el cerdito, todo negro como es, y con esos agujeros que tiene como ojos grandes, profundos, y con su hocico perfecto y el brillo impresionante y que causa cierta extrañeza y no poca inquietud, si se le observa quieto y callado, trae cierta sospecha de que tenga vida, que sea algo vivo y no alguien, con la desazón que lleva eso. Pero de ahí a hacerle la guerra va un abismo.

Pues allí estaba mi gato. Todo el rabo con el pelo erizado, en postura de ataque y absolutamente con el lomo enhiesto, poseso y con su maúllo y moviéndose quedo, despacito y sin quitar la vista del terrible fantoche del cerdito que lo miraba fijamente, retador, chulo, peligroso, infernal si cabe, que le retaba fijo y abismal, con cierta cosa similar a una sonrisa estática, fría y muerta. Así estuve un rato viendo el precioso y admirado espectáculo de un gato alrededor de un peligro, y con todo su furor desplegado. Hasta que me vio, y entonces corrió a un lugar con cierto mayido de pendencia, volvió a mirarme, corrió contra el cerdito, se revolvió y salió pitando, a todo correr, por el pasillo, la cocina y hasta el patio, y luego volvió dando esos saltos y con el rabo elevado y latigante, al salón otra vez, pasito a paso… Yo ya tenía el cerdo en mis manos, partiéndome de risa y verificando que no hubiera tomado vida, de alguna forma maravillosa, o tal vez se hubiese convertido en algún golem animal, y sobre todo que no huyera con mis dineros en la panza. Que uno tiene su medida avaricia, sobre todo cuando anda faltusco de eso que llaman dinero…
De manera que he situado al cerdito como solemne vigilante. Al pie del sitio del sofá en donde el minino se recuesta. Por las tardes-noche, cuando se retira a ese duermevela en el salón, le ha mirado atento, lo ha olido largamente y, mirándome, se ha subido a su cojín y ha dormido inquieto, incluso confieso que le he sorprendido asomándose al suelo sobre el que yace la hucha, para ver si se ha movido o está, se ha ido, o vuela… Para controlarlo, que no se fía de la mirada de agujero. En una de esas lo he movido con el pie, sentado a su vera, y ha subido las orejas, me ha mirado diciendo sancho amigo, se le ha acelerado el corazón y se ha puesto alerta. No se le arrima la piel peluda al cuerpo. La admirable aventura de la hucha de humo.

3 comentarios:

  1. Agustín...en lo que contás de tu gato, se ve claramente que los únicos animales que ni bien vemos algo que guarde dinero - asi sea el mismo demonio - nos vamos encima, somos los humanos. Los animales normales - aquellos que logran una cierta adaptación pero no se terminan de estupidizar como el animal humano - cuando observan algo que no se aviene a su entorno se ponen ea alerta...Salud a tu gato.
    Un abrazo

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  2. Anónimo12:35 a. m.

    Me encantan tus historias :)

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  3. Pues yo llevo dos días pensando qué poner. Primero vi las fotos, y aparte de constatar lo hermosísimo y guapo que está ya Gurru (¡vaya cambiazo! ahora es un señor don gato) me quedo babeando con tus librerías, aparte de tu apple (eso ya menos) y el pedrolo y la piedrita que tanto me gustan desde que nací, aparte de otros detalles que no voy a relatar.
    Me dispongo pues a leer tu texto, y me encuentro con el culmen de tus historias, es que cada vez vas a más, entonces corro a decir ¡qué lindo! ¡qué bonito! ¡qué bueno! y me odio por no poder expresar mejor lo magnífico de tu modo de narrar, y lo preciosísimo de tu verso, y lo bellísimo del fondo, y tus entrañas que se vislumbran entre las letras, y como no me sale, me odio; pero automáticamente paso a envidiarte y a odiarte, sí, a ti, y a que el mundo esté tan mal repartido y unos sean tan ricos y otros tan pobres y yo ni siquiera pueda poner un buen comentario o al menos medianamente potable para decir cuánto me ha gustado el tuyo, tan bueno, mu bueno; y sólo me queda el recurso de hacer un chiste jugando con la verdad y decirte que eres malo, mu malo, al ponerle el cerdito al Gurru delante de sus sueños y no haberle dejado dormir, ¡pobriño!
    Mil besos, siempre.

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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.