4 de noviembre de 2008

UN GATO CALLEJERO: VUELTA DE LA/DEL BARBILLA




Ya está de nuevo en casa. Malito del estómago y con cagalera, disloque estomacal, inquietud en el asiento, cagueta…; pero está. Fue el martes pasado cuando, al salir al patio, vi que no estaba ni, luego, en toda la casa. El gatito se había marchado. Lo comprobé en los seis días que ha estado en fuga. Lo llamé diciendo bisss biss biss para todo el mar de tejados que veo desde la terraza, oteando, como un águila, y nada. Silencio total. Fue pasando la semana y me fui resignando a que vendría, o a que tal vez no volvería… Un gato tan joven –aún no tiene seis meses- y sin experiencias en corretear alturas sería lógico que cayera a un patio, que saltara a una calle, y que no encontrara la vuelta... Pese a que me decían que sí, que los gatos se van y vuelven, que saben volver y todo eso que casi toda la gente sabe sobre gatos, y a la que aplico mi esceptismo para saber y aprender, o pongo directamente en solfa con la racionalidad estricta, que tan poco gusta al españolito medio. Y no sé, yo presentía que no, que mi gatito no, que había saltado desde el palé aquel de madera que me vino con un paquetón, a la tapia. Más de dos metros y medio en vertical, ¡oíga! Toda una proeza gatuna, para el circo que uno imagina. Y que una vez encima de la tapia había echado a andar, encaramado en ese largo espacio de tejados y había andado y andado, saltado y saltado, correteado feliz y novedoso… El vecino me informó que ya lo había hecho otra vez, por lo menos, y esa fue el sábado anterior, que estaba yo de viaje por Badajoz y lo dejé dos noches solo, con suficiente comida y apaños para cuidarse… Y el vecino que qué gatito más mansito, que si le puso leche y que si lo echó por la tapia que saltó a mi patio otra vez, y yo que muchas gracias
Tras mi casa están las traseras de otras, como es evidente en población como Llerena. Las que tienen sus entradas por la calle Alcantarilla, que hace esquina con la Curtidores y la calle del portillo de Frasco Vaca, que es continuación de la Curtidores. Bien pues, una de esas casas traseras era la de una señora que motejaban como La Rata. Y ayer mañana oí lejano el maullido de un gato. ¡Tate!, me dije, este va ser el Bombete (uno de los nombres de mi gatito), que se ha quedado atrapado en cualquier sitio. Subo a la terraza y llamo… Efectivamente, me vienen inmediatos maullidos de mi minino, y aguzo el oído…, y vienen como del corral de La Rata. Lo cual no sería extraño para un gato, sino hallarse en tal nombre de lugar. Así que cuando salí a la calle, y como ya tenía averiguado de quienes eran las casas, porque en los siete días de desaparición del felino he estado indagando y preguntando por ellas, por si lo habían visto y demás. Así que quedo con un pariente del dueño de la casa, al que le ha dejado llave, ya que en ella no vive ahora nadie. Sobre las tres menos cuarto estoy allí. Entramos hasta el corral y nada. Mi gatito no aparece. Lo llamo, por si está arrinconado al fondo del patio, en el que hay una fronda de parras y algunos frutales, y nada… Pero, pero…, oímos sus maullidos cercanos…, ¡desde la otra casa vecina! La casa de Beethoven, que ese es el mote del dueño de la otra, cuyo nombre de pila es Quico y, para más, Francisco. Me despido de José María, el señor que me hizo el favor de abrirme la casa en la que creía que estaba y me voy a casa de Quico, que está cerca. Volvemos y me abre, entro en una casa que está arreglándose y llena de materials de construcción y en obras…, llego al corral y veo venir corriendo, desde el fondo de un amplio corral y patio, un gatito para nosostros. ¡¡Efectivamente es mi Bombi!!, mi Gatiño, mi Gurrumiau, Gurruñau, mi Bombito, el Chiki, el Venetekuí, el Bombo, Bombete, Gumito, Fuchini en definitiva –que por todos esos títulos lo llamo y me responde, amén de algunos más, como Pumbito, Pumby, Cozita, etc.- Viene corriendo y maullando, viene directo y temeroso… Me voy a él y hace un amago de irse a un lado, voy y lo cojo y se agarra a mí, escabulle su morro entre mi cuello y el hombro y lo miro bien. Es él, en efecto, lleva todavía su cascabel. Parece flaco. Y es que una semana sin comer, o casi, o vaya usted a saber, hace mella en alguien tragón como el gatito que me lleva.
Va inquieto hasta casa, que está al otro lado de la manzana. Me encuentro a algún conocido que me alaba lo hermoso que es, lo bonito, dicen, qué gato más precioso, me dice una señora… Él va atrapado en brazos y con las orejas en punta, con una pose hermosa de gato, y como tienen pelillos en sus puntas, alguien me dice si no es lince o mezcla, por el color también…
Llegamos a casa y le pongo de comer. Se abalanza de hambre y lo sujeto para que coma poco a poco. Se atraganta de la fiereza como engulle.

En fin, ya está otra vez conmigo. Pienso que esta aventura lo haya madurado. Ya tiene los seis meses que dicen que han de pasar en un gato para que sea maduro, justamente. Los resultados de la aventura o escape se dejan ver: diarrea con episodio tremendo de pedos, y una caca que huele a rayos y centellas del mal… Un apasionamiento por estar conmigo y pegado a mis pies cuando me muevo y ando, y voy y entro y salgo. Y mucho maullido, y mucho mimo. Eso de echarse por el suelo con una caricia y ante mí… Lo de venir al sofá y echarse en su cojín y dar vueltas y vueltas mimosas para que lo acaricie, siempre en ronroneo feroz. No exagero si digo que ayer el motor del ronroneo estuvo a toda pastilla casi al llegar y hasta bien entrada la noche. ¡No creía que un gato pudiera estar ronroneando tan fuerte horas y horas! (Y sin megáfono y siendo tan chiquito).

Lo he dejado en el salón. En una postura que le encanta cuando está así como sensible. Resulta que le gusta ponerse encima de un cojín de esos rellenos de bolitas blancas de esas de embalar, muy finas. Dan una sensación de comodidad parecida al vientre de una gata que da la teta a sus crías. Y, verán, pienso que el gatito es un barbilla o una barbilla, porque se puede nombrar en femenino (como la cría) o en masculino. En Llerena llaman barbilla a las crías últimas que paren los animales, cuando tienen varias de una camada. Suelen ser más pequeñas, delicadas, y cuando crecen se van eliminando las diferencias. Bien, pues pienso que este gatito fue el último que se quedó con la gata, el último al que daba la teta, el barbilla. De manera que él trata siempre de ponerse en pose, cuando dormita, de estar reclinado en el vientre materno y mamando. Y el cojín ese, relleno de esas bolitas etéreas, imita bien esa sensación de acogedor regazo maternal. Él acerca la boca y parece mamar de una teta imaginaria. He notado como deja húmedo de saliva el sitio, y aprieta levemente, y con pausado ritmo, con las patitas, como si mamase en verdad y de verdad, y con ese suave masaje se ayudase. A veces cuando duerme o está reclinado hace esos gestos con las patas delanteras, y saca y entra las uñas con pausa y delicia, como amasando el lecho de su mami. Totalmente encariñado el gatiño.

En este lapso de tiempo sólo cierta música me ha consolado de la posible pérdida del gato... Pongo alguna identificada como de esa suerte. Y tampoco he podido de dejar de pensar en Paula, pese a mi corta inteligencia. De ella lo espero todo y en todo tiempo.


5 comentarios:

  1. Ay, la Rata, qué miedo. Vengo de ver a Shalimar, una gata norteamericana que está en un blog y tiene asma, cosa que no sé si tiene fácil remedio.
    Bonita, la palabra "barbilla" en esa acepción tan precisa.
    Un saludo.

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  2. Anónimo12:24 p. m.

    Muchas gracias por esta entrada que me encantó. Así como también me encanta este gatihno que hace tiempo no aparecía en tu página y por el que no sé por qué siento un afecto especial..., cómo si lo conociera...

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  3. ¡Gurru guapo!

    Qué suerte tienes, Agustín.

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  4. Por cierto, hasta el año y medio no alcanzan el tamaño definitivo, pero a lo mejor le pasa como al mío, que es chiquitín, no llega a los cuatro kilos (para mí que no pesa ni tres). Ya veo que el cascabel hizo su oficio, que se me había escapado, al leer en su momento tan rápido de la emoción...
    Dicen que los gatos no son tontos, pero las estadísticas dicen que los gatos en las ciudades (según los veterinarios, o sea, los que tienen casa y no han sido abandonados o si lo han sido los han rescatado) tienen como causa de mayor mortandad la caída de ventanas. Es que una cosa es el equilibrio y otra el deseo de cazar una mosca que pasa o...
    Así que no hay que confundir su inteligencia con que sean extraterrestres.
    Y qué bellos son, pero Gurru es una pasada de guapo; sí que parece un lince, es verdad.
    Mira, yo al mío también le llamo de todo, como sabes; pero lo de Barbilla no lo sabía; ya tiene otro nombre, jiji...

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  5. Ah, y lo de amasar te lo cuento otro día XDDD.

    Por cierto, ¡quién fuera Paula! ;-)

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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.