18 de enero de 2008

MAYOR CACUMEN, MÁS DESAMPARO



En los primeros años setenta seguí embebido de su luz, ofuscado y alumbrado la fulgurante estrella de Bobby Fischer. Era cuando aprendía los rudimentos del ajedrez, o mejor dicho los ponía en práctica de forma pública. Era tanta mi afición que me apunté a un centro juvenil de la entonces OJE, en la calle Santiago, que, creo recordar, cobraba como cinco pesetas al mes, o al año, que no tengo claro. Todo por el ajedrez y los libros de una pequeña biblioteca de préstamo que también tenía. Desde luego apretándome las narices pal olor francoroso. No había nada, ni otra cosa, así que se practicaba el entrismo, que dicen los polítólogos... Y recuerdo también que fui expulsado de la misma, me pegaron los dirigentes ultras -¡cómo no entonces!-, por mofarme de los cantos patrióticos que allí eran audición celebrada, entre otras razones de índole, llamemos, que política. Siempre fui un opositor al régimen.

Allí encontré gente para jugar ajedrez. Incluso participé en un campeonato, tipo liga, en el que iba el primero, con mucha ventaja, y fue anulado a la mitad, tras meses de participación. Por supuesto porque estaba casi cantado que yo ganaría. La fuerza de Fischer era enorme en mí. Pensé siempre que fue porque ganaba yo contra todo pronóstico, y el tiempo no me engañó. O era ya esa cierta mala costumbre de Bobby Fischer que se me pasó: la manía de la confabulación de los tontos contra uno. Recuerdo mis partidas con Manzano, creo recordar su nombre, que lamentablemente fue asesinado por ETA, mucho tiempo después en Euskadi. Un recuerdo para aquel jovencito de entonces que, como yo, amaba el ajedrez. Y todo esto lo traigo no como batallita, sino por la discusión que tenía conmigo, mi amigo Manzano, referida a que él se identificaba más con Spasky y a mí me imaginaba Fischer, tal vez por mi forma imprevista de jugar, rápida entonces y un poco a lo loco, intuitiva, pero con contundentes resultados. A mí no me gustaba mucho que me llamaran Bobby Fischer, porque simpatizaba con el campeón ruso, que lo era aún. Y el tal Bobby Fischer me parecía manipulación de los yanquis. Y entonces simpatizaba con los rusos en todo. Era un rojo convencido, si aplicamos el juego de la entonces guerra fría el panorama ajedrecístico. Cosa que hicieron mediáticamente la URSS y los USA. Luego me convencí de que los dos jugadores se representaban a sí mismos, sobre todo Fischer, que descubrí, con bastante alegría, como un ácrata individualista absoluto, un libertario.

Curioso que en todo el Quijote aparece siempre la reflexión y afirmación de que la inteligencia sólo granjea desdichas, de que en estas sociedades, tal y como están formadas y como funcionan, y han funcionado, el ser inteligente es una soberana desgracia. Me lo dicen los expertos y me dicen las razones. Bobby Fischer fue un ejemplo oneroso de ello. Que este mundo –el mundo mayoritario del mando y obediencia, de jefes y esclavos-, sus pompas, triunfos, valores supremos, es para gente de mollera angosta y pocas luces, ya desde la familia y la escuela. Cada día se sabe más cierto que los niños con mayor potencialidad intelectiva son ya un fracaso escolar, que la escuela, como casi todo, está abonado para los mediocres, y con tendencia a votar a tontos de baba, que votan, consuman, obedezcan, compren los libros que ganan premios y punto, por ejemplo. O sea, se prepara, ese mundo impuesto y de mayorías, para sicarios y esclavos. Los demás, los libres, los que deseamos libertad, sobramos.

Me he enterado esta mañana de la muerte de Bobby y me he apenado, me ha recorrido aquel recuerdo vivo, muy vivo, de aquellos años tan joven yo, tan apasionantes y que colmaban las muchas carencias mi refugio en el ajedrez y sus vericuetos como medio de vengarme de las pérdidas y derrotas de la realidad impuesta de entonces… Me he acordado de mi amigo Manzano y nuestras partidas, mosqueos, revanchas en el tablero, siempre en el tablero… Y me he acordado de la inteligencia de Bobby.

Y he reflexionado lo chungos y terroristas que son los estados con las personas que no se someten a sus mandos, a sus sicarios, a sus políticas. No es paranoia suya, digo de Bobby Fischer, los mandamases de los EEUU lo utilizaron siempre como peón de sus carencias y para sus políticas, siempre contra los individuos y contra el pueblo, como todas las políticas de cualquier burocracia estatal, cualquiera. En Reykyavik, Fischer vivía hasta hace poco más de un mes en un pequeño apartamento junto a la bahía en compañía de su novia japonesa. Apenas salía de casa. La pareja subsiste gracias a las aportaciones de amigos y admiradores. En el duelo de Belgrado, en el que al igual que en el 1972, en Reykiavik, derrotó a Spassky, Fischer se embolsó tres millones de dólares, pero sus cuentas bancarias fueron bloqueadas a petición de la justicia de Estados Unidos.

Fischer ha sido una de las inteligencias más altas de ser humano, conocida y medida, contrastada. Conozco otras más discretas. Todas confluyen en el fracaso en lo que es la escala de valores de lo impuesto, dominado siempre por los mediocres, los tontos, los inútiles, los serviles, los ansiosos, los soberbios, los malos, en definitiva. Porque la inteligencia es buena siempre, si es inteligencia, si no es sólo astucia, listura, artería, trepa, marrullería, picaresca, cuquería, trampa, engaño y zorrería… Los inteligentes son siempre buenos.

Hoy, mañana y en próximos días los medios publicitarios de los tontos, que son casi todos, estarán echando babas sobre el personaje que se inventan con Fischer. Todos muy lejos de su estrella, de su inteligencia, de su sino… Hasta cierto punto fue asesinado, perseguido y vejado hasta la muerte. De eso no dirán nada y mentirán sobre aquello de la ruptura del boicot a Serbia, o de sus declaraciones antijudías, cuando eran contra la maldad y estupidez del estado de Israel, como de todo estado, y ya sabemos que el estado de Israel trata de monopolizar todo lo judío, como defecto de todo estado, por totalitario.

Hoy puedo decir que, como dice el dicho viejo, que todos los suicidad son asesinados, Robert James Fischer ha sido asesinado por la estupidez de los políticos de su país, acosado en un país pequeño, olvidado, como Islandia, sin recursos, robado por esos que lo han asesinado, en aras de un Estado y un mando terribles contra la inteligencia y la bondad, alejado, viviendo de las ayudas de amigos... ¿No está de modas eso del mobbing? ¿Quién condena, quién juzga ese asesinato de guante blanco de los burócratas tontos, listillos de mierda, los políticos de toda laya que se van de rositas, enrocados entre los vericuetos de la administración de la esclavitud, que aquí todos son lo mismo, sean gringos o españoles? ¿Qué juez hace justicia por este vil atentado largo de mano mu larga? ¿Por este holocausto quién recordará? ¿Qué memoriosos históricos tendrán presente el genocidio de la inteligencia y la libertad de Fischer? ¿Quién le llorará?

Y, como en días pasados, grité larga vida para el poeta muerto Ángel González, no es para menos en esta necrológica que quisiera ser biológica: ¡VIVA LA INTELIGENCIA! ¡Viva Robert James Fischer!

1 comentario:

  1. Anónimo9:38 p. m.

    La anónima te sigue leyendo. Me ha gustado mucho este tu post de Fisher, una historia impresionante que todos pasan por alto y que refleja esta sucia realidad. Se lo leí a mi santo esposo y también le gustó mucho tu comentario, incluso aunque él reniega de los blogs (opina que, excepto el tuyo y pocos mas, la mayoría, como los periódicos, carecen de todo interés y honradez). Yo tardo mas en convencerme de las cosas, pero ya voy poco a poco voy por mi misma adquiriendo tristemente esa misma opinión cuantos mas blogs leo. A ti, por ahora te sigo fiel, aún no encontré una falla (de coherencia, de moral, de honradez, de como se llame, de eso que a mí sí me importa).

    Me quedo con tu frase "Porque la inteligencia es buena siempre, si es inteligencia, si no es sólo astucia, listura, artería, trepa...". Poca gente se da cuenta de eso en este pais. Y lo que cuesta convencer hasta a muchos conocidos cercanos de la inteligencia propia (bueno yo ya desistí, comprendí por fin que no son inteligentes), por mas logros que tengas, a no ser que vayas presumiendo, peloteando, practicando el autobombo, trepando y chupando (y yo creo que si uno no es así, pues ni te merece ni te interesa ni tu decencia te lo permite). Saludos.

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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.