19 de enero de 2007

PARA UNA POÉTICA 1

A veces participo en foros de poesía. Pocos porque casi no los hay. Hay ruidos. O en algún lugar donde esto se da. Así ocurrió en días pasados. Reproduzco el texto de comentario que incluí, remozado y corregido, como una de las muchas notas que uno elabora sobre poética. Desbalazadas, sin orden, por centenares ya, las que llevo de por vida (poética). Sobre todo en esos años entre 1986 y 2003, en los estuve sin escribir un poema, abandonado de las musas y perseguido, apartado, atravesando el desierto reflexivo. Algunos opinan que mejor me hubiera quedado, o perecido, en él. Lamento la llegada a un oasis y la atención de las musas.
Así que voy a ir publicando acá esas notas, comenzando con ésta, hecha como comentario a otro de un joven poeta segedano, con el título genérico de Para una poética, porque lo son todo para ella, para esa guía de la mecánica poética. Ahí queda:
Querido amigo poeta menor: Lamento insistir en lo que dice el aedo, con el que comparto, de alguna manera, su criterio.
En pintura el color y la forma, sobre una superficie convencional, hacen arte. Es convención, asimismo, eso mismo (valga la redundancia). Los sentimientos y pensamientos, en toda su extensión, que ello ocasione a sus receptores, vulgo público, es asunto de él (el público), no del pintor. Como tampoco debe ser misión del poeta. Así ocurre con la música, sonidos ordenados, de alguna manera, con intención de arte. Lo que el músico quiera expresar, relativo a sentimientos o pensamientos, a veces se entiende como lo contrario en los oyentes.
Hoy asistimos, en el campo de la creación poética, a cierta ñoñez, que valora más lo que dice el poeta a como lo dice, convirtiéndolo en lo que no debe ser, una especie de detentador de la sentimentalidad, cuando no de la sabiduría en adagios, un filosofillo barato, vamos, y ocurrente, eso sí, debe ser muy ocurrente. Es la ética estética de la posmodermidad, eso de la ocurrencia. Que esos se llevan los premios, trabajan para el político o la política de turno, por supuesto muy correcta y bien aseada, lavada y escamondá, la publicidad, el triunfo y la fama, no entendidos como lo que eran antaño sino como el trinque bursátil muy modelno (sic), el poder y la infamia en el sentido borgiano, y etc.
Sinceramente creo que el poeta tiene que dominar la musicalidad absoluta con el lenguaje, los sonidos o músicas de ese lenguaje, esto es, la forma absoluta, independientemente de lo que diga, que puede no ser nada, como ocurre en los dadaístas (por ejemplo modelno (sic)), y en no pocos istas subsiguientes. Para ello, para esa musicalidad como esencial y base material de la poesía, los antiguos, sobre los pies de los cuales tendríamos que andar, ya usaban métodos muy estudiados y contrastados por la vida anterior del origen, o de los originales, o del principio, que eso significa originalidad, la vuelta a los orígenes, ese arte poético al que se debían, etc.
Lo de la poesía libre es como si un tipo silbara una cancioncilla espontánea y pretendiera darle el valor que tiene el excelso arte de Bethoven o Mozart. Sería música el silbido, sí, pero otra música, como la de los pájaros, con otro valor, desde luego. Que los demás la prefieran es indiferente al arte. El arte no se mide por democracia, por suerte. Tampoco por imposición, para más suerte. Es libertad, que nada tiene que ver con democracia, aunque en el ruido y la furia de lo correcto se confundan.
Lo cual no hace que sea despreciable la poesía llamada libre (lo que, en sí, es erróneo, porque toda poesía lo es, libre) como tampoco el silbido libre.
Pero hemos de convenir que la mayor parte de las veces es un cajón de desastre, al que se acogen ciertos elementos silbadores, que más valiera que se estuvieran quietos sin soplar o soplarles la musa, siquiera por respeto a los clásicos, a los originales, y a la propia poesía como arte. O llamar a lo que hacen de otra manera. Que es muy digno el género, propiciado por las editoras de mercado y venta, de la autoayuda y similares, que da píldoras maravillosas para esos momentos que tiene ese convencional lector de poesía o sucedáneos, de reflexión, inflexión, flexión y ensimismamiento en huida del procelosos ruido del mundo modelno.
Vivimos en una época de confusión, del todo vale, y vale lo que marque el Mercado y sus reglas (premios, competiciones, ligas poéticas, imitatio de las futboleras, el grupete políticosocial que arrope al poeta, los foros y forofos del mismo, etc.).
Pero debes estar seguro de que toda poética, aún la pergeñada aquí por mi menda a vuelapluma, es siempre provisional, síntesis imperfecta y perfectamente perfectible. El andar se muestra andando, en manera alguna corriendo, bailando, reptando, o haciéndolo con las manos, cabeza abajo, como suelen los ocurrentes.
Algo muy sospechoso entre los vates del presente es que casi no cultivan el humor, con salvadoras excepciones. Pero eso ya sería meternos en la harina de los temas, asuntos, filosofías y similares que se pueden tratar en poesía, si uno lo prefiere. Que no trata la poesía de construir una filosofía, una ideología, un pensamiento sino nada menos que de reconstruir todo el mundo, todo el universo, que no es lo mismo, vuelta desde los infiernos.
Y lamento que estemos abusando del lugar de Josemaría Lama, y más no refiriéndonos directamente al asunto del comentario, el que parece excelente poemario que pongo en mis listas de lecturas, en cuanto me haga del mismo.
Vale, y saludos afables a todos.
De la belleza hablaremos otro día. Aunque adelanto, escolásticamente, que el ser, todo ser, es bello, bueno y uno.

Finalmente me pregunto si no estaré ahora en otro periodo reflexivo y de desierto.

2 comentarios:

Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.