18 de enero de 2007

EL FARO

Mi amigo Fernando Ruiz Millán es pintor. Ayer estuve con él un buen rato, viendo sus pinturas y tomando unas cervezas. Vive en Badajoz, capital, desde hace bastantes años, aunque se escapa por aquí, para pasar todo el tiempo que puede en Los Molinos, ese paraíso campestre. Que, por cierto, en estos días venideros de febrero celebra a la patrona, la Virgen de la Candelaria, con fiestas organizadas por los molineros.
Fernando trabaja de ferroviario. Lo lleva de herencia. O sea, que vende su tiempo y su fuerza de trabajo por un sueldo de los de la RENFE. Pero sobre todo es pintor. Y de los buenos. Y no es porque sea mi amigo, y me vaya a regalar un cuadro. Ya he hablado de él en estos lugares internéticos.
Fernado tenía una cierta deuda conmigo. La de regalarme una de su pinturas. Tengo algún dibujo suyo de hace muchos años. Casi treinta. Pero no pinturas.
Fernando es de esos pintores que no se han ocupado con frenesí de vender, de pintar para la venta, de promocionarse, que se dice... Y hoy los artistas que son como él, que no vive, de verdad, más que para su arte, son condenados por el Mercado al anonimato glorioso.
Porque hoy es la publicidad y la imposición del Mercado quienes pretenden decir quien tiene valor, quien es mejor, peor y toda esa escala de valores mercantiles. Que nunca artísticos, como no sea de cultureta y postín, de hipocresía, moda y mentira. Ocurre en todo arte y con todas las malas artes.
Lo lamentable es que lo beneficiarios de esa imposición, de esos valores falsos y mentidos, lo pretenden como verdad. Y por estos lares caciquiles, por esta Extremadura siempre caciqueada, secularmente sometida muy a gusto del amo, porque la verdad es que lo vota, lo adora una buena cantidad de extremeños, está entreverada la cosa cultural y artística con la política gañana y zoqueta de los que mandan en la Junta y sus alrededores.
Y desde esos machitos subidos, desde esas parras pretenden decir quien es quien. Y crean premios manipulados y como mera publicidad barata, usando, por supuesto, todos los recursos de las instituciones para beneficio de personas particulares, cuyo arte es más que dudoso, sino perversamente malísimo.
Qué revienten.
Bueno, que estoy muy contento de que mi amigo Fernando Ruiz Millán me haya regalado una pintura que todavía no he elegido de una terna de siete que expondrá en el bar La Fuente de esta Llerena en que vivo, para el mes de febrero.
Supra reproduzco una de esas pinturas que pierden mucho en la foto, El faro, y sobre todo porque tuvimos que hacer la foto con poca luz y eso se nota. La pintura de Fernando es para gozarla en vivo.
Pero de muchas cosas hemos hablado Fernando y yo. De la lacra de la autos, de los coches, del daño que hacen, de su opresión, de su peligro. Tanto él como yo no somos usuarios de vehículo automóvil, como no fuere de estricta necesidad. Pero ni él ni yo tenemos auto. Es la forma más honesta de existir. Y hemos denostado las costumbres de algunos de coger el auto hasta para ir a mear. En fin, si mucha gente tomara el ejemplo de nuestras vidas, en ese sentido, el mundo estaría mejor hecho.
Tanto coche, tanto coche, tanto vago y tanto vago, tanta violencia, velocidad y agresión.


La sutil ironía de la pintura de Fernando poniendo al faro como sol sustituido.
¿Sol, faro, falo, ...?

2 comentarios:

  1. Anónimo1:15 p. m.

    preciosa pintura y honesto homenaje a un amigo

    Pilina

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  2. Anónimo8:15 p. m.

    Conozoco a Fernando hace muchos años y su pintura me sigue sorprendiendo. Él también.
    Cuánto siento no poder asistir a esta nueva exposición. Besos desde Pontevedra

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Hay algo que se llama libertad, y que debes ejercer libremente. Así que distingue bien entre las ideas, los sentimientos, las pasiones, la razones y similares. No son respetables; pero cuida, que detrás hay personas. Y las personas, "per se", es lo único que se respeta en este lugar. Muy agradecido y mucha salud. Que no te canse.